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Familia indignada por la muerte de un muchacho

Adrián Figueroa falleció luego de sufrir una fractura en un accidente de tránsito. Su familia cree que no recibió la atención adecuada en el Hospital Marzetti y que la derivación fue tardía.
Adrián tenía 20 años y un hijo de 3.

BulletAdrián tenía 20 años y un hijo de 3.

04.11.2012, 23:48:44 | Actualidad

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Adrián Santiago Figueroa, de 20 años, papá de un nene de 3, falleció el jueves 25 de octubre en el Hospital de Haedo, como producto de las complicaciones generadas por una fractura de tibia y peroné que sufrió dos días antes. En las cuarenta horas previas a su deceso estuvo internado en el Hospital Angel Marzetti de Cañuelas, donde su estado se fue agravando inexplicablemente.

Jorge y Héctor Figueroa -el padre y el abuelo de la víctima- hablaron con El Ciudadano para expresar la indignación que sienten por una muerte que, desde su punto de vista, se podría haber evitado si el traslado se realizaba a tiempo.

El drama se inició el martes 23 de octubre a la noche. Adrián iba en la parte posterior de una moto, conducida por Pablo Nimo. Por una distracción del conductor la moto impactó contra la culata de un auto estacionado en Basavilbaso casi esquina Libertad. Al caer al piso, Adrián fue pisado por una segunda moto que iba detrás, sufriendo un corte en la rodilla y una fractura expuesta de tibia y peroné

Cuando su padre llegó al Hospital, habló con el traumatólogo de turno, oriundo de La Plata, e incluso ayudó a cargar a su hijo (sumamente corpulento) en la mesa de rayos, donde le efectuaron tres placas de la extremidad quebrada.

“Hablé con el traumatólogo, le pregunté si mi podía dar la seguridad de que mi hijo se iba a poner bien, me dijo que él sólo venía a Cañuelas una vez a la semana y que no podía seguir el tratamiento. También me dijo que había que esperar tres de tres a siete días y después hacer una operación que podía costar entre 7 y 10 mil pesos”, rememoró Jorge.

El miércoles 24, según refieren los familiares, Adrián pasó el día con tranquilidad. “Hablaba por teléfono con su hijo, lo visitaron amigos, miramos películas en un celular, estuvo con su esposa…”, siguió contando el papá, pero los problemas comenzaron en la madrugada del jueves.

“A las 8.30 me llamaron para decirme que tenía fiebre.
Ahí fui al municipio a pedir que lo derivaran. Me atendió una mujer de rulos que dijo ser la secretaria de la intendenta. Me indicó que fuera al hospital a hablar con Vivas”.

Minuto a minuto la preocupación de Jorge se fue incrementando. “Cuando lo vi, ya no era mi hijo. Me dijo que le habían inyectado algo, que le dolía la espalda. No podía dejar de temblar. Una enfermera comentó que le habían dado morfina, mientras otro traumatólogo me informó que mi hijo tenía abstinencia. Con otro médico hablaba de darle algo que no entendí. Yo no lo podía tener del dolor. ´Papi, que me corten la pierna y llévame a casa´, me pedía. Al rato le sacaron el arnés y le inyectaron algo más. Ahí empezó a delirar y balbucear cosas”.

Eran las primeras horas del jueves. Una mujer de administración se acercó a Jorge para asegurarle que a las 11 de la mañana saldría la derivación hacia el Gandulfo de Lomas de Zamora. “Seguíamos esperando, pasó el mediodía y no venía ninguna ambulancia. Como a las 6 de la tarde los enfermeros lo llevaron a otra habitación y volvieron a inyectarle algo. Mi hijo tenía un jadeo constante y la pierna se le había hinchado al doble. ´Quedate tranquilo, que es normal por la retención de líquidos´, me dijo el traumatólogo que lo atendió en segunda instancia”.
 
En ese momento llegó el cirujano Aníbal Zabala, quien por primera vez advirtió la gravedad del cuadro con solo mirar al paciente.

“Adelante mío el Dr. Zabala se comunicó con un jefe de Seguridad Sanitaria de la Provincia. Le dijo que consiguiera la derivación inmediatamente. Yo estaba al lado y escuché perfectamente lo que decía: ´Es una lástima, el pibe tiene 20 años y está muy grave´. Luego de cortar me aseguró que en 15 minutos salía la derivación, y así fue”.

Como a las 20, la ambulancia llegó al Hospital de Haedo
. En el camino Jorge tuvo que ayudar al chofer con el GPS de su celular para orientarlo.

“De la sala de traumatología lo pasaron de inmediato a la sala de diagnóstico, donde le hicieron análisis de sangre y otras cosas, porque la historia clínica no tenía nada, ningún análisis de nada. Uno de los cuatro médicos que lo atendían se acercó para decirme que no tenían datos y que solamente les habían enviado una radiografía de la cadera, cuando en Cañuelas le habían hecho tres placas. No sé qué hicieron con las otras. Al rato me avisaron que estaba complicado, que los análisis daban mal, que los glóbulos blancos no daban bien. A la media hora entró en estado de shock y falleció. Hicieron todo lo posible, lo habían llenado de cables, lo entubaron, pero no pudieron salvarlo”.

Allí empezó otro drama que prolongó el repentino dolor. La familia no pudo retirar el cuerpo debido a que en el Hospital de Haedo ordenaron una autopsia para determinar las causas del fallecimiento y el tratamiento efectuado con anterioridad. “En confianza los médicos me decían que si me entregaban el cuerpo sin hacer autopsia ellos podían quedar pegados con un juicio, cuando ellos no eran responsables de nada porque mi hijo había llegado en muy malas condiciones”.

“Tengo ocho nietos y no quiero que esto vuelva a ocurrir”, acota Héctor, que por primera vez se suma al detallado relato de Jorge. Y como una conclusión asegura: “Si lo derivaban antes, esto no pasaba. Nadie se explica por qué tardaron tanto”.

Durante las más de 40 horas que Adrián permaneció en el Marzetti fue atendido por al menos tres profesionales, pero la información que volcaron en la historia clínica sería insuficiente. La familia Figueroa no sabe, hasta ahora, quiénes lo atendieron en Cañuelas, que asistencia le brindaron ni quién fue el responsable del tratamiento.

En este sentido, el miércoles de la semana pasada, el flamante director del Hospital Marzetti, Jesús Camilletti, dijo a El Ciudadano que una de sus prioridades era establecer jefaturas de áreas para protocolizar la atención de los pacientes y establecer una clara cadena de responsabilidades. Fue como un reconocimiento implícito de que esa cadena ahora está rota.

El de Adrián es el segundo caso escandaloso que ocurre en el Marzetti en pocos meses
. El 12 de abril Daniela Cisterna, de 40 años, falleció en su hogar a causa de un paro cardíaco. Unas horas antes había estado en el Marzetti para consultar por un fuerte dolor en el pecho, pero el médico que la atendió la mandó a su casa. Ese “profesional” no tenía matrícula y por ende, si firmaba una internación, se develaría que estaba trabajando de manera irregular. Cuando el caso se conoció a través de El Ciudadano, ningún funcionario del Marzetti fue sancionado.


CONTRASTES

Las autoridades del Hospital Marzetti tardaron casi dos días en obtener la derivación de Adrián Figueroa hacia el Hospital de Haedo. Y en lugar de utilizar un helicóptero sanitario, lo llevaron en una ambulancia común. El papá iba en la cabina delantera orientando al chofer con el GPS del celular, para que no se perdieran.

Al día siguiente, cuando Adrián ya había fallecido, el vicepresidente Amado Boudou llegó a Cañuelas en un helicóptero. Ni siquiera vino por una misión oficial. Se limitó a tocar la guitarra en una unidad básica de la calle Del Carmen.

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