“Nos podrían haber matado”
El relato de la familia Núñez compromete la situación de la sargenta de Cañuelas. Aseguran que era ella quien daba las órdenes. En la rueda de reconocimiento se hizo trencitas en el pelo para evitar que la identificaran.
César Núñez y su abuela, de 84 años.
31.01.2012, 10:04:31 | Policiales
“No se puede creer. Vine unos días a la Argentina para descansar y visitar a mi familia. A los dos días de mi llegada nos pasa esto” relató César Núñez, una de las víctimas del asalto ocurrido el lunes en Tristán Suárez, que tuvo como verdugo a la sargenta de la comisaría de Cañuelas, Sonia Umpierre.
César es misionero y desde hace algunos años vive en Munich, Alemania, donde trabaja como operario en la automotriz BMW. El fin de semana llegó al país para visitar a sus padres y a su abuela octogenaria.
El lunes a media mañana se acercó a saludar un tío de César. Al ingresar a la casa, dejó el portón abierto.
Segundos después ingresaron Umpierre y Llanos. María, la madre de César, salió a cortarles el paso sospechando que eran delincuentes, pero el caco le apuntó a la cabeza. “¿Usted es Mari?” le preguntó mientras la empujaba hacia el interior donde se hallaba el resto de la familia.
“El hombre estaba con el fierro en la mano y la chica daba las indicaciones. Nos dijeron que nos quedáramos quietos y nos preguntaron si había alguien más en la casa. Les dije que mi hijo de 14 años estaba durmiendo arriba. La chica subió a buscarlo, y cuando mi hijo se despertó y la vio le dio una patada y un sopapo, pero ella lo amenazó. Le dijo ´bajá conmigo o a tu papá lo matamos´”, relató César.
Luego la sargenta inmovilizó a todas sus víctimas con precintos en manos y pies e incluso les tapó la boca con una cinta adhesiva para mantenerlos callados.
“Ella quería atar a todo el mundo, pero le pedimos que lo dejara tranquilo al chico porque sufre convulsiones. También quería amordazar a mi abuela, que tiene 84 años, pero él le pidió que no lo hiciera”, continuó César.
Cuando los delincuentes comenzaron a pedir el dinero, aturdido por la situación César confesó que tenía 3 mil Euros (en realidad tenía mil y un resto en pesos que había cambiado para manejarse durante las vacaciones).
Empezaron a revolver la habitación y como sólo encontraron dos billetes de 500, se pusieron nerviosos y empezaron a exigir el resto. “Decime dónde están los 3 mil Euros o te mato”, insistió el hombre.
En ese momento se inició una pelea a golpes y empujones.
“Corrí a los saltos y empecé a gritar que me estaban robando. Ahí el tipo me agarró del cuello y empezamos a luchar. El siemrpe tenía el fierro en la mano, con el peligro de que me pegara un tiro. Mi papá se puso a pelear con la chica. Le dio una trompada y le cortó una ceja. Después agarró una silla y se la quiso dar en la cabeza, pero el muchacho lo paró. Ahí alcancé a zafarme. Por una ventana salí a la calle y empecé a pedir ayuda”, continuó César.
Lo demás es historia conocida. La mujer policía y su amigo se hicieron pasar por víctimas, pero no les creyeron y terminaron esposados.
Sorpredida por la reacción de los Núñez, la poliladron se olvidó su celular, un par de zapatos, una muda de ropa, guantes blancos y una gorra.
“Se ve que vinieron preparados para cambiarse y despistar a la policía, pero no se pensaron que nos íbamos a resistir. Tuvimos un Dios aparte, porque nos podrían haber matado. Tampoco sé por qué vinieron a nuestra casa. No tenemos plata y si bien la casa desde afuera parece importante, es una casa común que todavía está sin terminar porque somos una familia trabajadora. Quizá pensaban que yo venía con mucha plata de Alemania, pero soy un simple laburante en una fábrica”, se explayó César señalando las paredes a medio terminar de la vivienda que dejó cuando se separó de su esposa.
El testimonio de las víctimas ante el fiscal Hassan comprometen la situación de Sonia Umpierre. Relataron que si bien el muchacho manipulaba el arma, era la chica quien daba las órdenes y se mostraba más agresiva.
Además de ser detenidos con los mil Euros en su poder, en la rueda de reconocimiento tanto Umpierre como Llanos fueron identificados por las víctimas a pesar de que se hicieron cambios en su fisonomía para tratar de confundir a sus víctimas.
Mientras que Llanos se cortó el pelo la chica se realizó un peinado extravagante con varias trenzas al estilo de una muñeca, aunque no pudo disimular el corte en la ceja, producto del puñetazo.
“Esa chica, la del peinado cómico, es la que nos robó”, la señalaron los Núñez ante los policías de Ezeiza que tomaban nota del procedimiento.
César es misionero y desde hace algunos años vive en Munich, Alemania, donde trabaja como operario en la automotriz BMW. El fin de semana llegó al país para visitar a sus padres y a su abuela octogenaria.
El lunes a media mañana se acercó a saludar un tío de César. Al ingresar a la casa, dejó el portón abierto.
Segundos después ingresaron Umpierre y Llanos. María, la madre de César, salió a cortarles el paso sospechando que eran delincuentes, pero el caco le apuntó a la cabeza. “¿Usted es Mari?” le preguntó mientras la empujaba hacia el interior donde se hallaba el resto de la familia.
“El hombre estaba con el fierro en la mano y la chica daba las indicaciones. Nos dijeron que nos quedáramos quietos y nos preguntaron si había alguien más en la casa. Les dije que mi hijo de 14 años estaba durmiendo arriba. La chica subió a buscarlo, y cuando mi hijo se despertó y la vio le dio una patada y un sopapo, pero ella lo amenazó. Le dijo ´bajá conmigo o a tu papá lo matamos´”, relató César.
Luego la sargenta inmovilizó a todas sus víctimas con precintos en manos y pies e incluso les tapó la boca con una cinta adhesiva para mantenerlos callados.
“Ella quería atar a todo el mundo, pero le pedimos que lo dejara tranquilo al chico porque sufre convulsiones. También quería amordazar a mi abuela, que tiene 84 años, pero él le pidió que no lo hiciera”, continuó César.
Cuando los delincuentes comenzaron a pedir el dinero, aturdido por la situación César confesó que tenía 3 mil Euros (en realidad tenía mil y un resto en pesos que había cambiado para manejarse durante las vacaciones).
Empezaron a revolver la habitación y como sólo encontraron dos billetes de 500, se pusieron nerviosos y empezaron a exigir el resto. “Decime dónde están los 3 mil Euros o te mato”, insistió el hombre.
En ese momento se inició una pelea a golpes y empujones.
“Corrí a los saltos y empecé a gritar que me estaban robando. Ahí el tipo me agarró del cuello y empezamos a luchar. El siemrpe tenía el fierro en la mano, con el peligro de que me pegara un tiro. Mi papá se puso a pelear con la chica. Le dio una trompada y le cortó una ceja. Después agarró una silla y se la quiso dar en la cabeza, pero el muchacho lo paró. Ahí alcancé a zafarme. Por una ventana salí a la calle y empecé a pedir ayuda”, continuó César.
Lo demás es historia conocida. La mujer policía y su amigo se hicieron pasar por víctimas, pero no les creyeron y terminaron esposados.
Sorpredida por la reacción de los Núñez, la poliladron se olvidó su celular, un par de zapatos, una muda de ropa, guantes blancos y una gorra.
“Se ve que vinieron preparados para cambiarse y despistar a la policía, pero no se pensaron que nos íbamos a resistir. Tuvimos un Dios aparte, porque nos podrían haber matado. Tampoco sé por qué vinieron a nuestra casa. No tenemos plata y si bien la casa desde afuera parece importante, es una casa común que todavía está sin terminar porque somos una familia trabajadora. Quizá pensaban que yo venía con mucha plata de Alemania, pero soy un simple laburante en una fábrica”, se explayó César señalando las paredes a medio terminar de la vivienda que dejó cuando se separó de su esposa.
El testimonio de las víctimas ante el fiscal Hassan comprometen la situación de Sonia Umpierre. Relataron que si bien el muchacho manipulaba el arma, era la chica quien daba las órdenes y se mostraba más agresiva.
Además de ser detenidos con los mil Euros en su poder, en la rueda de reconocimiento tanto Umpierre como Llanos fueron identificados por las víctimas a pesar de que se hicieron cambios en su fisonomía para tratar de confundir a sus víctimas.
Mientras que Llanos se cortó el pelo la chica se realizó un peinado extravagante con varias trenzas al estilo de una muñeca, aunque no pudo disimular el corte en la ceja, producto del puñetazo.
“Esa chica, la del peinado cómico, es la que nos robó”, la señalaron los Núñez ante los policías de Ezeiza que tomaban nota del procedimiento.
© El Ciudadano Cañuelense
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