Habló el camionero que fue salvado por los bomberos
A causa de un pozo ubicado a metros de la parrilla de Duhalde se le cortó la dirección, perdió el control y cayó al arroyo.
Leandro Milanesi y familia.
29.11.2011, 13:45:38 | Policiales
Leandro Milanesi, el camionero de Tres Arroyos que fue salvado por los bomberos de Cañuelas y Las Heras luego de caer a un arroyo en un puente de la ruta 6, habló con El Ciudadano desde su lugar de internación, el Hospital San Roque de Gonnet.
El jueves al mediodía Milanesi se preparaba para ser intervenido quirúrgicamente de las fracturas que sufrió en tobillo, muñeca y húmero. Esta última es la más grave y requería la colocación de un clavo y planchas metálicas, con un post operatorio de varios meses.
“Hacía tres o cuatro meses que no pasaba por la zona de Cañuelas. Me acordaba de memoria de cada pozo, pero a ese no lo tenía registrado. Cuando me lo comí, perdí el control del camión y me fui directo a la baranda del puente. Yo creo que se me cortó la dirección”, relató en una charla telefónica con este diario.
“No tuve tiempo a nada. Cuando agarré el pozo, el camión saltó y ya no lo pude controlar. Cuando vi las barandas me imaginé que me iba a un zanjón. Nunca pensé que me iba a caer a un arroyo”, añadió.
Como se explicó en las anteriores ediciones de El Ciudadano, la cabina del Fiat 619 se clavó en el barro. Encima quedó apoyado el tanque cisterna, cargado con fertilizante. Milanesi quedó trabado con las piernas entre las dos butacas y colgando con la cabeza hacia abajo, sumergida en el agua.
“Me agarró la desesperación porque no sabía dónde estaba. Me tenía que agarrar para mantener la cabeza levantada y no ahogarme. Sólo podía hacer fuerza con un brazo porque en el otro tenía la muñeca quebrada. Por suerte un muchacho vio cuando me caí al arroyo, si no me hubiera muerto tirado en ese lugar. Como a los cinco minutos escuché voces, personas que se acercaban y decían que el camionero tenía que estar muerto. Ahí empecé a gritar y a pedir auxilio”.
A pesar de la angustia, Leandro intentó mantener la calma. Les dio el teléfono de su hermano y no el de su esposa, para no preocupar a su familia más cercana.
La situación era desesperante. Leandro sabía que ante el menor movimiento en falso la cisterna podía caer y aplastarlo. Notaba que la cabina se hundía poco a poco en el barro. Y además, se asfixiaba con el olor a combustible y el fertilizante que se derramaba sobre su cuerpo.
“Los bomberos estuvieron muy bien, porque en todo momento me hablaban y me tranquilizaban. En un momento le dije a uno de ellos ´loco, no aguanto más, no me puedo mantener con la cabeza levantada, y me estoy asfixiando con el gasoil´. Pero tenía fe de que me iban a sacar. En todo momento pensaba en mis hijos”.
Leandro tiene 35 años, está casado y tiene cuatro chicos. Trabaja como chofer para una empresa de transporte que tiene en sociedad con su hermano. Justo unos días antes había pedido hacer ese viaje (había salido desde Zárate a Tandil, transportando fertilizante liviano para el cultivo de la papa) para poder acercarse a Tres Arroyos y estar con su familia, a la que no veía desde hacía quince días.
“Gracias a Dios me pudieron salvar. Me tienen que poner varios clavos. La fractura más grave es la del húmero. Otro problema que tengo es que veo doble, hoy me hicieron una tomografía por ese tema, pero los médicos me dicen que es producto de la inflamación y que se me va a pasar”.
“Tengo que agradecer el laburo de los bomberos, tanto los de Cañuelas como los de Las Heras, porque me sacaron de la cabina y en todo momento me animaron. Y con el hospital de Cañuelas estoy súper agradecido”, concluyó.
El jueves al mediodía Milanesi se preparaba para ser intervenido quirúrgicamente de las fracturas que sufrió en tobillo, muñeca y húmero. Esta última es la más grave y requería la colocación de un clavo y planchas metálicas, con un post operatorio de varios meses.
“Hacía tres o cuatro meses que no pasaba por la zona de Cañuelas. Me acordaba de memoria de cada pozo, pero a ese no lo tenía registrado. Cuando me lo comí, perdí el control del camión y me fui directo a la baranda del puente. Yo creo que se me cortó la dirección”, relató en una charla telefónica con este diario.
“No tuve tiempo a nada. Cuando agarré el pozo, el camión saltó y ya no lo pude controlar. Cuando vi las barandas me imaginé que me iba a un zanjón. Nunca pensé que me iba a caer a un arroyo”, añadió.
Como se explicó en las anteriores ediciones de El Ciudadano, la cabina del Fiat 619 se clavó en el barro. Encima quedó apoyado el tanque cisterna, cargado con fertilizante. Milanesi quedó trabado con las piernas entre las dos butacas y colgando con la cabeza hacia abajo, sumergida en el agua.
“Me agarró la desesperación porque no sabía dónde estaba. Me tenía que agarrar para mantener la cabeza levantada y no ahogarme. Sólo podía hacer fuerza con un brazo porque en el otro tenía la muñeca quebrada. Por suerte un muchacho vio cuando me caí al arroyo, si no me hubiera muerto tirado en ese lugar. Como a los cinco minutos escuché voces, personas que se acercaban y decían que el camionero tenía que estar muerto. Ahí empecé a gritar y a pedir auxilio”.
A pesar de la angustia, Leandro intentó mantener la calma. Les dio el teléfono de su hermano y no el de su esposa, para no preocupar a su familia más cercana.
La situación era desesperante. Leandro sabía que ante el menor movimiento en falso la cisterna podía caer y aplastarlo. Notaba que la cabina se hundía poco a poco en el barro. Y además, se asfixiaba con el olor a combustible y el fertilizante que se derramaba sobre su cuerpo.
“Los bomberos estuvieron muy bien, porque en todo momento me hablaban y me tranquilizaban. En un momento le dije a uno de ellos ´loco, no aguanto más, no me puedo mantener con la cabeza levantada, y me estoy asfixiando con el gasoil´. Pero tenía fe de que me iban a sacar. En todo momento pensaba en mis hijos”.
Leandro tiene 35 años, está casado y tiene cuatro chicos. Trabaja como chofer para una empresa de transporte que tiene en sociedad con su hermano. Justo unos días antes había pedido hacer ese viaje (había salido desde Zárate a Tandil, transportando fertilizante liviano para el cultivo de la papa) para poder acercarse a Tres Arroyos y estar con su familia, a la que no veía desde hacía quince días.
“Gracias a Dios me pudieron salvar. Me tienen que poner varios clavos. La fractura más grave es la del húmero. Otro problema que tengo es que veo doble, hoy me hicieron una tomografía por ese tema, pero los médicos me dicen que es producto de la inflamación y que se me va a pasar”.
“Tengo que agradecer el laburo de los bomberos, tanto los de Cañuelas como los de Las Heras, porque me sacaron de la cabina y en todo momento me animaron. Y con el hospital de Cañuelas estoy súper agradecido”, concluyó.
© El Ciudadano Cañuelense
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