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Cañuelas, 12 de diciembre de 2019    N° de Edición On Line: 3128

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Cañuelas, Francia y Alemania unidas por un intercambio estudiantil

 Candice, de 16 años, acaba de llegar desde Fontainebleau. Durante diez meses cursará en el colegio Santa María. Se aloja en la casa de Patricia Díaz, cuya hija Lara Cuburu se encuentra en Alemania.
Candice junto a su amiga Lola visitando El Ciudadano.

BulletCandice junto a su amiga Lola visitando El Ciudadano.

12.09.2019, 12:30:12 | Sociales

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 A menos de una semana de su llegada a Cañuelas, Candice está contenta con su viaje a la Argentina. Por ahora no tuvo tiempo de extrañar a su familia ni a su pueblo. Ya pudo disfrutar de las milanesas, el dulce de leche y el mate dulce. Su nueva ´familia´ cañuelense también está entusiasmada con la visitante, que el martes se incorporó al cuarto año del Colegio Santa María. 

Candice Pierre, de 16 años, llegó a nuestro partido en el marco de un programa de intercambio estudiantil que promueve el Rotary Club Internacional, conocido como RYE (Rotary Youth Exchange). La muchacha francesa se enteró de esta modalidad a través de unos abuelos rotarios que suelen recibir a extranjeros.

A lo largo de su permanencia de diez meses en Cañuelas tres familias le abrirán sus puertas para alojarla como un miembro más. Además de darle alojamiento, comida y garantizar su concurrencia a clases, deberán cubrir las actividades extracurriculares, sociales y deportivas, que la adolescente realizaba en su país de origen.

Candice se alejó temporalmente de sus padres y un hermano de 14 años que quedaron en la localidad de Fontainebleau, al sur de París. El domingo 1 de septiembre arribó a Ezeiza con 60 kilos de equipaje. “Traje casi mi vida, mucha ropa, complementos, accesorios, perfumería y un gran abrigo para conocer Ushuaia”, admite entre risas. 

Desde su llegada está viviendo en la casa de Patricia Díaz, cuya hija, Lara Cuburu, se encuentra en Alemania por un año, participando del mismo programa rotario.

Promediando la semana visitó la redacción de El Ciudadano en compañía de Lola, una cañuelense compañera del colegio y también amiga de Lara. 

“Vivo a la casa de Lara, con su madre Patricia, su abuela Ester y una hermana, con dos chicos y un novio”. Su castellano es bastante bueno; lo aprendió en el colegio. Una vez que termine el liceo, es decir el secundario, estudiará kinesiología.

“No sabía mucho de Argentina antes de viajar. Busqué sobre esta ciudad, el colegio, cantidad de habitantes y del país, vi algunas fotos de lugares y por comentarios de viajeros, sobre todo de dos que estuvieron aquí, me decidí”, responde la joven, y destaca que “Quería conocer América latina. Además me atrae Ushuaia… y el resto de la Patagonia. Espero poder viajar en noviembre y visitarla por algunas semanas”. 

Ante algunas dudas con la pronunciación, Lola interviene y le habla inglés para terminar de redondear las ideas. Con una pronunciación suave y lenta, la muchacha reconoce que le gusta mucho la carne que ha consumido y que extraña el pan, que siente bastante distinto al de su país natal. Además, le ha gustado el mate con azúcar y el “dulche (sic) de leche”. 

Otra cosa que le agrada es el colegio. “Es muy distinto al de Francia. Se ve mucha vida, hay mucha demostración de afecto, se habla mucho, sonríen. Parecen una gran familia”, describe.

Además de ser una buena estudiante, toca la guitarra y el piano. Integra un conjunto con el que solía tocar rock y pop en un bar los miércoles por la tarde, adonde concurren varios alumnos del colegio galo.



Lara con integrantes de la familia alemana que la aloja.

 
 
LARA Y LOS QUESOS

Con muchas más semanas en el exterior, la cañuelense Lara Cuburu ya recorrió varios kilómetros europeos. En comunicaciones de WhatsApp le dijo a este medio que “nada se parece a nuestro país, ni remotamente”. Y luego destacó: “Por suerte la familia que me tocó rompió el estereotipo alemán y demostró bastante afecto”.

Más adelante mencionó que “A pesar de que vine con información por mi profesora de alemán, me resulta llamativo la cantidad de queso que consumen y las comidas se hacen sólo durante el día, cosa que me cuesta un poco incorporar. A veces me levanto a la noche a comer”.

A pocos días de su llegada a la localidad de Stade, donde vivirá un año. Lara realizó visitas a Hamburgo y Dinamarca, donde realizó un paseo en un velero. Junto a su grupo escolar realizó una excursión a Holanda donde visitó la casa museo de Ana Frank. Y en unos días tendrá la posibilidad de visitar Oktoberfest, adonde confluirán otros intercambistas. 

En ese ir y venir pudo observar que “los pobladores del norte y sur de Alemania son muy diferentes. Desde su aspecto hasta la pronunciación. Y en Berlín noté que tienen un acento guarro. Muy llamativo. Mis mejores amigos son un ruso y un polaco. En el norte de Alemania hay muchísimos extranjeros, y en mi curso hay estudiantes de China, Afganistán, Rusia, Polonia”. 
 
OBLIGACIONES FAMILIARES
El Arq. Walter Blanco, integrante del Rotary Cañuelas, es el encargado de difundir este programa en la ciudad y dar charlas en escuelas para sumar a potenciales candidatos.

“Para llevar adelante el intercambio no se busca ninguna particularidad en las familias ni en los postulantes, simplemente se busca que el intercambista esté totalmente convencido de hacerlo y que su familia esté en total acuerdo y realice un apoyo permanente”. 

Además aclaró que las familias participantes tienen gastos que afrontar, como pasajes, visas, seguros, gastos para campamentos previos a la partida y campamento en el lugar de destino, gastos personales, y otros no obligatorios como viajes de cabotaje en los lugares de destino. “Por ejemplo los que vienen a este distrito se les ofrece un viaje por el sur y otro por el norte de nuestro país; y los que van a Europa pueden hacer una recorrida por varios países y los de Estados Unidos algo parecido dentro de esa nación”.

Además, en el caso de Patricia Díaz, como contraprestación por la visita de Lara a Alemania se le pidió que aloje a un visitante europeo, una condición que aceptó de buen grado.
 

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