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Hace tres años le amputaron una pierna tras un accidente en moto, hoy entrena y quiere competir en artes marciales

Busca participar en algún juego paralímpico. Una historia de superación y coraje 
Jonathan Crespo.

BulletJonathan Crespo.

09.08.2019, 10:46:52 | Deportes

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 A los 21 años quedó sin su pierna derecha tras un accidente mientras conducía una moto con un tren en Empalme Lobos. Luego de ese episodio resolvió practicar deportes, estar en pareja, ser padre y entrenar para un juego paralímpico.

En 2016 a Jonathan Crespo le tuvieron que amputar su pierna derecha tras un accidente cuando llegaba a la academia de policía de Lobos. Unos  días antes su compañera le confesó que iba a ser padre, y allí encontró la fuerza para no encerrarse en el dolor. Hoy trabaja, cría a su hija y será parte de la Asociación Argentina de Artes Marciales Mixtas.
 
Era una mañana fría y aún de noche. Jonathan Crespo viajaba hacia Lobos por Ruta 205 y entró al empalme de la ciudad vecina. Tenía casco e iba completamente abrigado por la temperatura matinal. El cruce de vías, cercano a la entrada lobense, no tenía iluminación, barrera, ni señales. Cuando despertó observó un grupo de pasajeros, vecinos y curiosos que lo miraban con preocupación; recién en ese instante entendió que el tren lo había empujado y lo llevo a enredarse el pie con su propia moto. Horas más tarde los médicos le revelaron que tenía parte del pie comprometido y quizá habría que amputarlo.
 
Esa mañana del 24 de mayo de 2016 había un paro en el ámbito de la salud y por ello fue derivado a un sanatorio local, que se encontraba en la misma situación. Jonathan, actualmente de 25 años, paso tres días postrado en una cama sólo con sedantes. Cuando un médico se acordó de él fue para decirle que su pie se había infectado y lo mejor era amputar la pierna para controlar definitivamente la infección.
Faltaban seis días para que cumpliera años.
 
Oriundo del barrio La Verónica, trabaja en el municipio desde hace tres años, y recordó para El Ciudadano que “era una mañana de niebla, no se veía nada. Yo tenía casco, pasamontañas y no escuche nada. Iba a la academia de policía, como todos los días, unas cuadras antes había un cruce sin barrera ni señalización. Cuando me desperté estaba al lado del tren, me decían que no me mueva y yo me quería ir. El tren no hizo más que empujarme, todo lo demás fue por enredarme con la moto”.
 
 “Me llevaron al hospital de Lobos y me hicieron una leve cirugía para cerrar la herida en mis dedos. Hasta ahí era sólo eso. En el hospital estaban de paro y me llevan a un sanatorio de Lobos que también estaba con medidas de fuerza. Estuve tres días sin atención. Me agarró una infección que llegó hasta la mitad del pie. Me dijeron que lo único que podían hacer era amputarme la pierna de la rodilla para abajo. No entendía nada, mis viejos no querían saber nada”.
 
La desidia política sidical agravaró el accidente de Jonathan, que luego fue derivado a una clínica de Capital Federal porque la ART de la fuerza policial tomó el caso. Allí le repitieron el mismo severo diagnóstico: ‘Hay que amputar para que no se desparrame la infección’. Era casi una orden.
 
“Me dijeron que era cortar medio pie y arriesgarme a que la infección continúe, o cortar el pie entero, pero no era equipable con una prótesis. Les dije que si iba al quirófano que cortara lo necesario para que yo pueda hacer mi vida relativamente normal. Me contestaron que lo mejor era la amputación bajo rodilla”, detalló el trabajador municipal, padre de Amy Lee, una beba de algo más de dos años.
 
Tras nueve operaciones de limpieza en la zona de la herida en un mes, de un día para el otro, le cortaron su pierna derecha. Pasó tres días internado y volvió a su hogar.
 
“Una semana antes del accidente me enteré que iba a ser padre, así que no tuve tiempo de sentirme mal. Hasta el día de hoy no soy consciente que me falta una parte. De la Policía me dieron de baja. Pero yo estaba más preocupado por encontrar un laburo y mantener a mi familia que por la pierna”.
 
Luego de un proceso de kinesiología de siete meses y adaptarse a la prótesis confesó: “Tuve que volver a aprender a caminar, pero no tuve tiempo de bajonearme. Venía mi hija y tenía que trabajar”. Luego un amigo le comentó de una vacante en el municipio local y tuvo la suerte de poder ingresar al empleo.
 
Tras pelearla desde lo emocional y lo físico Jonathan se planteó nuevos desafíos, quería volver a practicar deportes. “Decidí volver a hacer deporte después de que mi nena nació y me di cuenta que estaba extremadamente gordo. Me ví en una foto y dije: ‘no puedo estar así’ y empecé a entrenar”. Buscó variantes, probó con tenis adaptado pero no lo conformó. Luego intentó con paravoley pero la distancia y el costo del transporte no lo favoreció y pensó que podía encontrar una solución con un viejo amor: las artes marciales.

De niño el cañuelense se entrenó en la escuela del Sabom Gabriel Floriani y estuvo ligado a disciplinas de combate, pero en esta oportunidad decidió cambiar de rumbo.
 
“Necesitaba hacer algo acá y hable con Luis Garavaglia –instructor en Cañuelas Thaiboxiing–. Le pregunté si podía hacer algo y me dijo que no tenía problemas en entrenarme, que él se adaptaba a cualquier cosa. Luego yo ya era uno más. En los primeros meses baje como 25 kilos. Busqué qué podía hacer y Luis me recomendó probar con Jiu Jitsu. Al principio, por el peso, no se me hacía fácil, pero después empecé a bajar de peso”. 
 
Jonathan acudió a la academia de Garavaglia en febrero de este año. El intenso entrenamiento y el plan de descenso de peso que le indicó una nutricionista del club Cañuelas lo ayudaron a recuperar su peso rápidamente.
 
Por supuesto que el apoyo familiar siempre estuvo presente y así lo enfatizó el deportista, “mi familia en algún momento se puso mal pero hoy veo que les gusta cuando emprendo alguna actividad y tengo nuevos logros. No me dejaron nunca y siempre me apoyaron, al igual que mi señora Sabrina. Ya no hablamos de lo que pasó. Mi hija no me permitió tirarme abajo”.
 
Jonathan está listo para competir en arte marcial convencional o no convencional y analiza seriamente esa posibilidad; de hecho el próximo 4 de agosto será parte de los atletas no convencionales que darán una exhibición en el marco de un torneo que se desarrolla en el Cenard y que es organizado por la Asociación Argentina de Artes Marciales Mixtas. Ellos intentarán demostrar que se puede desarrollar, de acuerdo a distintos niveles de discapacidad, diferentes disciplinas de lucha.
 
Superó el accidente, sigue adelante y quiere cumplir el sueño de participar en algún juego paralímpico. Un joven que siempre quiere más. 

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