El Ciudadano Cañuelense - Edición Digital

EL TIEMPO EN CAÑUELAS

°C | °C

Cañuelas, 19 de junio de 2019    N° de Edición On Line: 2952

Ediciones anteriores Tapa de la edición impresa

La despedida para una docente de alma, fundadora del IMEI

 Murió a los 77 años. En 1989, cansada de lidiar con la burocracia estatal, creó el primer colegio privado laico del distrito.
Toti y su esposo, Salvador Garzón.

BulletToti y su esposo, Salvador Garzón.

04.06.2019, 18:26:37 | Sociales

Achicar texto Agrandar texto
 Tenía su vida organizada para ser farmacéutica y bioquímica, pero el amor la arrastró a Cañuelas. Abandonó su carrera, se dedicó a la docencia en escuelas públicas hasta que un día dijo basta y volcó sus energías en la creación del IMEI, el primer colegio privado laico del distrito.

Rosa Lucesoli de Garzón, conocida por todos como “Toti”, nació en Realicó, al norte de la provincia de La Pampa, el 13 de marzo de 1942. Su padre, integrante de una familia de productores agropecuarios, fue el único de los hermanos que decidió viajar a Buenos Aires para estudiar. Tras egresar de un colegio porteño volvió a La Pampa, se casó y comenzó a trabajar en la sucursal del Banco Nación.
 
A raíz de la profesión bancaria de Lucesoli padre, Toti y sus hermanos Leonardo y Alice tuvieron una infancia y adolescencia itinerante. Vivieron en Río Tercero, Oriente, América, General Pico, San Martín de los Ande y Bariloche.
 
A los 14 años, luego de egresar del secundario con el título de magisterio, Toti ingresó como pupila en la Facultad de Farmacia y Bioquímica de Córdoba. En el transcurso de su carrera su padre se instaló en Cañuelas, el último destino que le tocó como gerente antes de jubilarse. Fue así como siendo una estudiante universitaria, conoció a quien sería su esposo, Salvador Garzón.
 
Cuentan en su entorno que cuando le faltaban sólo dos materias para recibirse Garzón le dio un ultimátum. Toti abandonó su carrera y volvió a Cañuelas para casarse.
 
Comenzó a trabajar como maestra de nivel primario en las escuelas 21 y 11, entre otras, hasta que concursó con altísimo promedio convirtiéndose en directora de la Escuela 27. Desde ese lugar gestionó arduamente para lograr la construcción y finalización del nuevo edificio de Moreno y Vélez Sársfield.
 
Poco tiempo después del corte de cintas decidió abandonar la educación pública para emprender su nuevo proyecto. Sus allegados cuentan que todo el proceso de la obra fue desgastante pero que la gota que rebalsó el vaso fue lo que sucedió después: con el nuevo y moderno edificio ya en funcionamiento Toti logró que el Molino Cañuelas le donara una serie de computadoras Commodore para formar la nueva sala de informática. Iba a ser la primera escuela de Cañuelas en contar con esa innovadora tecnología para la época. Pero la Dirección General de Escuelas le impidió avanzar con el proyecto: “Una sola escuela no puede tener esto. O lo tienen todas o no lo tiene ninguna” fue el mensaje que recibió.
 
En 1989 inauguró el Colegio IMEI con tres salas y Ana María Díaz como directora. Toti se ocupó de estructurar la parte pedagógico y su esposo del área contable. El proyecto, que fue deficitario en sus primeros años, finalmente fue un éxito hasta alcanzar los casi 140 empleados de la actualidad, entre auxiliares y docentes. Tuvo la visión de crear una escuela privada cuando la escuela pública todavía tenía gran prestigio y la enseñanza no estatal era mirada con recelo.
 
Su objetivo fue crear un colegio de cursos chicos, con enseñanza personalizada de acuerdo a las fortalezas o intereses temáticos de cada alumno.
 
Si bien en los últimos años Toti siguió muy presente en el área pedagógica, comenzó a delegar todas las actividades en sus hijos David, Paulina y Marcelo, quienes continuarán el legado intentando preservar el estilo y la impronta de la fundadora.
 
La memoria de Toti será recordada el próximo 20 de junio cuando se inaugure el estadio deportivo de la calle Del Carmen, una cancha cubierta con varios espacios al aire libre.
 

© El Ciudadano Cañuelense

Subir
Enviar corrección