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Cañuelas, 25 de junio de 2019    N° de Edición On Line: 2958

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Pablo Mana, el argentino que tomó prisionera la bandera inglesa y trabajó con Adolfito Cambiaso

 Participó en el desembarco del 2 de abril y fue protagonista de una foto que dio la vuelta al mundo.
Pablito en la mañana del 2 de abril de 1982. Foto: Rafael Wollmann

BulletPablito en la mañana del 2 de abril de 1982. Foto: Rafael Wollmann

08.04.2019, 17:01:05 | Sociales

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 Pocos días después del desembarco del 2 de abril de 1982 en las Islas Malvinas la revista Gente publicó la foto de un joven soldado argentino de la Infantería de Marina sosteniendo una bandera británica. Era la imagen de Pablo Mana, quien en esa madrugada histórica ingresó a la casa del gobernador de la Isla, Rex Masterman Hunt, rompió un cofre de vidrio y tomó el emblema que se izaba a diario frente a su residencia.

A los pocos días, ya de regreso en el continente, un colectivo lo llevó desde Bahía Blanca a su Vicuña Mackenna natal, en la provincia de Córdoba. Mientras caminaba a su casa, distante a unas pocas cuadras de la terminal, el único lugar iluminado del pueblito era un kiosco de diarios y revistas. Sobre un estante, destacada por un cartel, estaba la revista Gente con su foto y la frase ““Pablito Mana, nuestro soldado que está en Malvinas”. Ese día la casa de sus padres fue un interminable desfile de vecinos del pueblo que se acercaban a felicitar al héroe.

En diálogo con El Ciudadano, Pablo rememoró aquel lejano 2 de abril en el que, sin querer, fue inmortalizado en una foto que recorrió el mundo.

“Llegamos a las 6 de la mañana. Yo era el asistente del capitán y como no tenía una tarea concreta asignada, decidí ingresar a la casa del gobernador, de curioso no más. Pensé, ´me voy a llevar algo de recuerdo porque en mi pueblo nadie me va a creer que estuve acá´. Así que rompí el cofre de vidrio y agarré la bandera inglesa, que era la que izaban todas las mañanas a las 8. Cuando salía de la casa, sin que yo me diera cuenta, el fotógrafo de Télam Rafael Wollmann me sacó esa foto de lejos”.

Cuando el comandante Carlos Büsser lo vio sosteniendo la bandera enemiga le pidió que no la exhibiera. “Me dijo ´guárdela y que no lo vea nadie. Esa es la bandera prisionera´. Después cuando salió la revista me dijo ´¡Menos mal que le dije que no la viera nadie!´”. 

Cuando la Infantería de Marina volvía al continente Mana se la entregó a Büsser y hoy se encuentra en el Museo Naval de Puerto Belgrano.

En ese momento el joven soldado, de 19 años, estaba haciendo la conscripción en la base naval cercana a Bahía Blanca. Cuando embarcaron hacia Malvinas no sabían que ese era el destino. “Nos tocó una tormenta tremenda y no teníamos idea de cuál era la misión. Se hablaba de que íbamos a Chile, a las Georgias y un montón de cosas más. Recién al tercer día nos hablaron de la importancia que tenía nuestra misión. Los últimos dos días fueron de mucha emoción y ganas de llegar a Malvinas. No teníamos miedo a esa edad; nos creíamos inmortales”.



Pablo junto a su amigo Adolfito.
 
CAMBIASO, LA MULA Y EL POLO
 
Desde chico Mana fue un aficionado al polo ya que su padre practicaba ese deporte. Hace varios años, cuando Adolfo Cambiaso compró un campo en la zona de Mackenna, el encargado le contó a Mana que un puma le había matado algunos padrillos y le preguntó si no sabía dónde conseguir una mula, ya que esos animales se utilizan para espantar a los felinos depredadores, dato que hasta ese momento Pablo desconocía.
 
“Lo que son las casualidades, cuando estoy volviendo a mi casa veo a un conocido por la costa de la ruta que iba a caballo con una mula de tiro. Me dijo que la tenía para vender. Ahí no más se la compré y lo llamé al encargado. A los pocos días la vino a buscar junto con Adolfito y María, que en ese momento eran novios”.

La mula fue la responsable de la amistad y confianza que a partir de ese momento trabaron Adolfo y Pablo. El polista número 1 lo fue convocando para organizar la logística de los torneos en el interior y durante dos décadas lo llamó para coordinar la temporada en la Dolfina, en Alejandro Petión. La última vez que hizo ese trabajo fue en 2017.

Si bien Pablo sigue vinculado a Cambiaso, dejó de lado el compromiso de venir todos los años a Cañuelas para estar más cerca de sus cuatro hijos.

Mackenna tiene cuatro veteranos de Guerra pero sólo dos viven en el pueblo. Por lo tanto, cada 2 de abril Pablo y su compañero tienen una cargada agenda de visitas a las escuelas de la zona. Por supuesto que el desembarco y la anécdota de la bandera “prisionera” son los protagonistas de esas charlas con los alumnos.
 

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