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Tiene un séptimo hijo varón pero no consiguió el padrinazgo presidencial

 En el barrio Primero de Mayo, una madre asegura que nunca le respondieron el pedido de aplicación de una ley nacional que debería cubrir los gastos de educación de su hijo menor.
Yanina con su hijo Tobías (Valentín dormía cuando El Ciudadano la entrevistó).

BulletYanina con su hijo Tobías (Valentín dormía cuando El Ciudadano la entrevistó).

08.04.2019, 16:44:21 | Sociales

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 Siete veces escuchó en el hospital Marzetti que iba a ser un varón. Todos consecutivos y “nunca vino la nena”, afirma con una sonrisa cómplice Yanina Ferrer en su casa de la calle Newbery en el barrio Primero de Mayo. Y con el séptimo nacimiento sabía lo que venía: el Padrinazgo del Presidente de la Nación.

Yanina tiene 34  años y su pareja, Pablo Ponce, la misma edad. Viven hace tiempo en el barrio. Están juntos en una casa al fondo de otra, donde hay pajaritos en diminutas jaulas y unas palomas blancas y grises sueltas que no se alejan mucho y curiosean desde la sombra de un árbol. La familia está formada por Agustín de 18 años, Tomás de 16, Braian de 15, Joaquín de 14, Benjamín de 9, Tobías de 7 y Valentín de 3, que nació el 24 de noviembre de 2015.
 
Cuando nació el último de los Ferrer todavía estaba en el poder Cristina Fernández, quien gozaba de más simpatía entre sus padres. Antes de fin de año el más pequeño de los varones fue bautizado en la parroquia local.
 
La madre de esta extensa prole es ama de casa y su pareja maneja una caldera en una industria de la zona. Viven todos juntos a excepción de uno de los chicos más grandes que vive en el barrio Fonavi con su abuela materna. Una indemnización de su pareja permitió levantar la vivienda que tiene solo dos habitaciones y si bien se encuentran ajustados por las necesidades económicas, cuentan con dos pensiones por discapacidad  de los hijos. Algunos concurren a la Media 2 y otros a la Escuela 11.
 
Con respecto a los embarazos, la joven reconoció que ya se ligó las trompas. Fue una decisión propia ya que en uno de los partos tuvo algunos inconvenientes con su salud.
 
Pero pese a lo que marca la Ley, Valentín no pudo ser ahijado presidencial. “Estuvimos averiguando y esperando desde la Municipalidad, pero nunca nos contestaron nada, así que lo bauticé. Lo mismo me pasó con la Iglesia. Me iban a avisar después de mandar una carta, pero nunca tuvimos una respuesta. El padrinazgo presidencial sería de gran ayuda porque la escuela es mucho gasto”, cuenta la madre de familia numerosa ante EL CIUDADANO.
 
Como es sabido, una ley vigente prevé el padrinazgo del Poder Ejecutivo de la Nación, tanto del séptimo hijo varón como de la séptima hija mujer de una prole del mismo sexo. Eso implica una cobertura de todos los gastos de educación.
 
La norma toma como origen una tradición rusa según la cual el hijo hombre número siete se convertiría en un lobizón y la hija mujer en bruja. Para contrarrestar ese destino, se apelaba al padrinazgo de los zares.
 

© El Ciudadano Cañuelense

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