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Cañuelas, 25 de junio de 2019    N° de Edición On Line: 2958

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Una vecina de Cañuelas y su amistad con Robledo Puch, el mayor asesino serial de Argentina

 Le mandó un señalador al penal de Sierra Chica y así comenzó un fluido contacto por carta y por teléfono. Una historia de amistad, recuerdos, leyes y ¿visitas?
Robledo Puch fue acusado de 11 homicidios.

BulletRobledo Puch fue acusado de 11 homicidios.

03.04.2019, 17:53:24 | Sociales

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 Cuenta infidencias de su vida en el penal, de sus trámites para lograr la libertad y también de algunos recuerdos, como su paso por Cañuelas cuando acompañaba a su padre. El que habla es el condenado a cadena perpetua Carlos Robledo Puch en una carta que le envió a una vecina de Cañuelas y que hoy sale por primera vez a la luz en EL CIUDADANO.

“En realidad no tengo una relación, suena feo. Lo que tengo es una amistad con Carlos Robledo Puch”, aclara la destinataria. “El es un ser humano como cualquiera, con problemas de salud y con una historia”.

El año pasado esta mujer, de poco más de 50 años, recibió una carta de tres hojas mecanografiadas, fechada el 19 de septiembre del 2018. Esa misiva fue seguida por una serie de llamados telefónicos que se mantienen hasta la actualidad.

La mujer, que vive en las afueras del casco urbano, pidió mantener su nombre en reserva. Asegura que no le interesa mostrarse y aclara que la comunicación con Puch es conocida por su círculo familiar y por su esposo. Dice que sólo buscó contactarse con el recluso por amistad, desvinculándose del fenómeno de las mujeres que se enamoran de criminales.

“¡Sí habré pasado por Cañuelas!, acompañando a mi padre en sus giras camino hacia Bahía Blanca, por la RN Nº3 cuando él era inspector de concesionarias de GMA (General Motors Argentina); que tenía su planta en San Martín. Dependía de la zona que le asignaran. A veces, teníamos que viajar al Sur, otras a la zona del litoral”, comenta el mayor asesino en serie de la historia argentina.

Para esta mujer, nacida en otra provincia y radicada en Cañuelas desde hace dos décadas, no hay sentimientos encontrados. O tal vez algo de lástima, como reconoce. Cuenta que el año pasado durante el estreno de la película El Angel y mientras veía comentarios de la misma en un programa de la televisión abierta se emocionó con la historia, de la cual, asegura tiene algunos vagos recuerdos de cuando ocurrieron los sucesos. Lo habló con su marido y decidió acercarse a él. Se le ocurrió buscar algo para mandarle y encontró un señalador. Buscó la dirección de la cárcel de Sierra Chica y mandó por correo el presente.  Después vino la sorpresa mayor. Un llamado de una unidad carcelaria le anticipaba que iba a tener del otro lado al preso más antiguo de la Argentina. “Lo sentí conmovido”, señala su amiga cañuelense con voz tranquila.

“Mi cartita fue con el objetivo de levantarle un poco el ánimo. Le aclaré que no estaba enterada del caso y que tampoco me interesa lo que haya hecho en el pasado”.

La respuesta llegó en un sobre común con tres hojas escritas a máquina, sin errores ni tachaduras, con extensos bloques de párrafos. Su dueña la conserva como un objeto valioso y en su sobre original.

El llamado “Angel de la Muerte” lleva 46 años detenido, condenado a reclusión perpetua más la accesoria de reclusión por tiempo indeterminado por once asesinatos, diecisiete robos y dos violaciones. Puch, de 66 años, nunca fue beneficiado con una salida transitoria. Esa sentencia le impide dejar los muros de las cárceles, para que pueda abandonarlos es necesario que primero acceda a la libertad condicional. Y el requisito exigido para obtener ese beneficio es un estudio psicológico favorable. Todos los informes realizados hasta el momento fueron negativos.
 
¿PARAGUAY O CAÑUELAS?
 
En  la misiva, le cuenta recuerdos de su adolescencia cuando viajaba acompañando a su padre por razones laborales. “Fue una experiencia extraordinaria”, subraya el recluso más famoso de Sierra Chica. Acto seguido el hombre menciona las gestiones que hace con una abogada para obtener una salida, trámite que inició hace varios años sin éxito. Y luego refiere la necesidad de un medicamento para una dolencia renal, y agrega que padece una enfermedad pulmonar obstructiva crónica que lo afecta.

Es conocida su pasión por la lectura, sobre todo de temas vinculados a Perón. En la comunicación epistolar con la mujer de Cañuelas afirma que “se me llenaron los pies y manos de líquido, tal como le ocurrió a Perón en la novela de Tomás Eloy Martínez; La novela de Perón. La cuestión es que estuve en peligro de muerte y me salvé milagrosamente”.

Aunque de manera recurrente le han negado cualquier tipo de salida o libertad, le reveló a nuestra vecina que se encuentra en tratativas con una organización civil por los derechos de las personas privadas de la libertad, la que se encuentra ligada, según Puch, al cineasta Enrique Piñeyro, quien le haría una entrevista audiovisual y donde afirmaría que “jamás maté ni lastimé a nadie. La historia o leyenda que se cuenta de mí no es más que una gran mentira”. 

Al respecto también le escribió que la policía “me armó la causa” y señala que fue un solo hombre: “el subcomisario de la seccional 1º de Tigre. Para inculparme a mí, le ofrecieron 50 millones de pesos Ley 18.188”. Y para ubicar a su lectora hace un traslado al valor de los autos que tenían en el año 1972, como un cupé Chevy SS y la Chevy serie 2. Y un poco más adelante aclara que pese al material que se encuentra alrededor de este personaje de la historia criminal, “nunca” escribirá un “voluminoso libro”, “solamente voy a hacer el audiovisual, para que quede revelada la verdad, para la posteridad; por si acaso no llegue a ver la luz del sol mañana a la mañana”.   

Más adelante reconocerá que cometió “innumerables hechos de robo por la razón que alguna vez le contaré”.

En las mismas hojas dirigidas a la cañuelense le dice a modo de vaticinio: “Muchas cosas pueden llegar a darse. Por ejemplo: ¿quién le dice que en un futuro cercano, no puedan ustedes llegar a visitarme? Venirme a ver. Todo es posible. O quién le dice, si para las Fiestas de fin de Año, no me den la libertad definitiva”.

Durante gran parte del día Puch trabaja en la biblioteca de la escuela secundaria que funciona en la unidad carcelaria Nº2, un lugar que lo acerca a los libros.

Puch mantiene la esperanza, la fantasía, de salir del encierro y recuerda que en Paraguay había una familia conocida que lo podría recibir. “Me están esperando desde 1974, los conocí junto a mi padre, cuando de Posadas cruzábamos a Encarnación del Paraguay y de allí, hasta Asunción”. 

Su amiga cañuelense le confía a ese semanario que “no le gustaría” visitarlo en la cárcel porque “son lugares que están en condiciones inhumanas” pero luego acota que “lo recibiría en mi casa, no tendría problemas. Pero no creo que pueda salir tan fácilmente…”.

Leandro Barni.

© El Ciudadano Cañuelense

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