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La Parrilla: un emblema gastronómico que ya cumplió dos décadas de vida

 Se prioriza la buena comida, el servicio y la ambientación. Luis García quiso ser profesor de educación física, pero ese no era su destino.
 

17.12.2018, 10:45:45 | Sociales

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 Se cumplieron veinte años de La Parrilla, uno de los íconos gastronómicos de la región inaugurado en noviembre de 1998. En estas dos décadas el restó logró afianzar el prestigio que tuvo un restaurante anterior llamado Los Tilos en la década del 70 y que funcionaba junto a la estación de servicios. Su propietario, Luis García, apostó a priorizar la buena comida con un servicio y ambientación, ganándose una clientela fiel.

García decidió instalar el nuevo local siguiendo una propuesta de su padre. En ese momento era un joven docente de Educación Física recibido en General Las Heras. Sin dudarlo se sumó a la idea y empezaron con el emprendimiento contiguo a la YPF sumándose a una red de pequeñas parrillas en el país. La de Cañuelas es una de las pocas que perdura.
 
Junto a su esposa Susana, también profesora de Educación Física, se vinieron de Morón. Sin experiencia el rubro gastronómico, pero con mucha dedicación y el deseo de hacer las cosas bien, lograron cumplir su cometido familiar.
 
A pesar de que comenzaron en un lugar con poco movimiento comercial, su buena parrilla y un menú atractivo contribuyeron al éxito. 
 
Poco a poco la parrilla se convirtió en referencia para las familias de Cañuelas y para mucha gente del polo. Adolfo Cambiaso es uno de los clientes habituales, tanto que por su frecuente presencia en el lugar muchos creen que se encuentra detrás del negocio. Nalbandián, Batistuta y hasta la estrella hollywoodense Tommy Lee Jones también pasaron por el local.
 
En el primer y único emprendimiento gastronómico que tuvo el profe García, reconoce que se ha mantenido la calidad y la variedad. En La Parrilla, la decoración y el servicio son temas a tener en cuenta. “Si bien esto es conocido como La Parrilla, y se asocia a la carne, hay variedad de opciones, ya que hacemos pescados, pastas caseras, platos elaborados. Además de encontrarse con la carne, uno se encuentra que puede probar otras cosas”.  
 
En sus mejores épocas se asaban 50 costillares en la semana. En la actualidad esa cifra se redujo a la mitad y su propietario lo adjudica a los cambios en el hábito del consumidor.
 
En la sede trabajan 30 personas y tienen una capacidad de 200 cubiertos. 
 
Hace cuatro años se incorporaron promociones, con menús ejecutivos, de lunes a viernes al mediodía.
En sus comienzos García compartía el corredor de la 205 con Los Cinco Hermanos.
 
Después se sumó La Querencia, la Huerta y Beto. Más tarde Don Santiago, Rogelia y otros más recientes. En poco tiempo la zona se transformó en un gran corredor gastronómico. 
 
“Todos trabajamos, cada uno con su propuesta. Nosotros mantenemos las técnicas de la cocina, nos adaptamos, acompañamos con algún bocado de sabor distinto, pero mantenemos un estilo que el cliente identifica y agradece” destaca García.
 
García se volvió casi un erudito de la carne a la parrilla, pero revela su gran secreto: “Una de las virtudes de tener un restaurante es no saber cocinar. Por ahí hago un asado a la parrilla, pero no es mi fuerte. Soy mejor comensal que asador y ni que hablar de cocinero”.

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