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Cañuelas, 20 de noviembre de 2018    N° de Edición On Line: 2741

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A 35 años del triunfo de Alfonsín

 El 30 de octubre de 1983 el país retomó el camino democrático perdido en 1976. Cinco radicales de Cañuelas, algunos protagonistas de la campaña, rememoran esa jornada histórica.
Alfonsín en una de sus últimas vistas a Cañuelas, junto a Cristian Pérez Armari.

BulletAlfonsín en una de sus últimas vistas a Cañuelas, junto a Cristian Pérez Armari.

05.11.2018, 16:36:13 | Política

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EL TRIUNFO DE LA VIDA Y DE LA PAZ
 
¡Y llegó el día! atrás quedaban el esfuerzo, el cansancio, el sueño, sólo faltaba otro sueño, el de recuperar la democracia y terminar de forma pacífica con una dictadura que estaba dispuesta a entregar el gobierno pero no el poder. Días y días de ir a trabajar sin dormir en una militancia activa de noches y noches, en reuniones o subiendo escaleras y pegando afiches en todo lugar que quedara sin cubrir, con la cara de aquel hombre que nos movilizaba para que otra Argentina fuera posible.
 
No pudo la ultraderecha con sus afiches del Chapulín Colorado; tampoco la ultra izquierda o el peronismo, abrazándolo a una botella de Coca Cola. No pudieron, porque Alfonsín sintetizaba la paz y la vida en defensa de los DD.HH y las libertades públicas, eso nos movilizaba. Nos cautivaba a tal punto que esa juventud -aunque hoy parezca demodé- podía dar hasta su vida, si las circunstancias lo ameritaban. 
 
La movilización a la Nueve de Julio fue mi convencimiento definitivo del triunfo electoral: familias enteras, chicos y viejos, de toda posición económica, bares abiertos de par en par, y esa impresionante marea humana cubriendo la larga y ancha calle con más de un millón de almas, cantando consignas tales como "Se va acabar la dictadura militar " o "AL-FON-SIN" sintetizando a Argentina. Esas imágenes fueron más poderosas que la quema de un cajón porque triunfó definitivamente la consigna ¡somos la vida, somos la paz! que llevábamos todos en nuestros corazones.
 
El 30 de octubre estábamos más temprano que nunca, porque ninguno pudo dormir, fiscalizando las escuelas, cuidando las urnas, garantizando la elección ya que habíamos puesto todo para nuestro partido.

Aquí, en nuestra ciudad, las horas parecían días, hasta que al final ese principio de democracia abrió las urnas, y allí supimos que el esfuerzo rindió su fruto, tres horas más de agonía pero con la alegría del deber cumplido. Luego vimos nuestro comité, las calles y veredas atestadas de vecinos esperando con nosotros, hasta que el grito de Alfonsín, Alfonsín quebró la noche de primavera, de esa primavera que nacía, la de la democracia recuperada en manos de aquel que nos hizo entender su significado enmarcado en valores éticos y morales para toda la vida. 
 
Luego supimos del triunfo local con el Potro Domínguez y en lo personal, que un amigo de la infancia de mi padre en Saladillo, Titán Armendáriz, era electo gobernador, y Hugo González senador provincial, todo un combo de alegrías reflejadas para la historia. Nadie durmió tampoco esa noche: la alegría, las lágrimas, la emoción no lo permitían. Comenzamos a pensar que la democracia en nuestras manos estaba asegurada porque seriamos garantes de ello, por nuestra formación, por nuestra filosofía de vida, encarnada en nuestro líder y conductor, alguien que hoy nadie discute, el padre de la democracia recuperada, Raúl Alfonsín.
 
Guillermo "Tito" Pérez 


 

 

AROMA A LIBERTAD
 
En 1983 tenía 11 años. Recuerdo claramente aquel día histórico y cómo lo viví. Era otro pueblo...naturalmente, más chico. Nos conocíamos. Pocos autos transitaban calles que se agigantan con la perspectiva del tiempo y el espacio. En el nuestro sonaban "Los abuelos de la nada" y las ventanillas bajas nos permitían respirar "ese aroma" semejante a la libertad que tanto deseábamos vivir, luego de varias pesadillas. 
 
En mi familia estuvimos atravesados por la alegría y la expectativa que un nuevo país estaba por nacer. La democracia era una palabra que empezaba a tener contenido y entender su magnitud no era una tarea sencilla. El hombre que la representaba, estaba a punto de iniciar ese camino.
 
Marcelo Sabino
 

 
 
EL DÍA QUE TODOS HEREDAMOS
 
Recuerdo la movilización previa al 30 de octubre de 1983. Con sólo 15 años no tenía cabal idea de cómo ese día histórico del triunfo del Dr. Alfonsín marcaría el futuro de la patria, del radicalismo y del mío propio.

Pasaron los años y pude apreciar cómo la figura de este hombre notable se engrandecía. Comprender y dimensionar cada anécdota suya en boca de mis correligionarios, y de las que repetían de los que cariñosamente llamamos “viejos radicales”, que pese a sus diferencias en el pensamiento formarían la base fundamental de la democracia partidaria. Los que en cada una de las localidades de cañuelas trabajaron sin cesar por la UCR, formando parte de nuestros reconocidos “caudillos locales”. Muchos de esos viejos radicales ya no están físicamente con nosotros, pero sin dudas junto a don Raúl nos dejaron un enorme legado.
 
Glorioso día de reencuentro con la democracia perdida, donde acompañando, escuchando y sintiendo en la piel a don Raúl, líder capaz de expresar el sentir de nuestro Preámbulo como un “rezo laico”. Hizo que cada persona que escuchara esas palabras no pudiera -independientemente del pensamiento político- permanecer indiferente y no emocionarse hasta las lágrimas. Son muchos los que a partir de ese momento se han comprometido a participar activamente en nuestras instituciones democráticas.
 
Los argentinos elegimos bien, al que con el tiempo seria el fundador de la democracia moderna, no sólo para nosotros sino para toda América Latina, demócrata incansable de personalidad fuerte, prudente, honesto y sincero.
 
El destino me dio la oportunidad de estar junto a él en un par de oportunidades. En nuestro último encuentro en la puerta del comité de forma afectuosa y como si yo fuera importante me dijo: “Acá está el gordito de Cañuelas”. La suerte quiso que Juan Carlos Mariscotti me tomara esa foto inolvidable para mí. Nuestro querido Don Raúl supo amalgamarnos a todos en una misma historia que con el tiempo uniría generaciones.
Ese 30 de octubre de 1983 heredaríamos la preciada libertad.
 
Cristian “Polo” Pérez Armari
 

 
EL INGRESO DE LOS JÓVENES A LA POLÍTICA
Por empezar fue un día muy especial porque íbamos a votar después de muchos años. Era la vuelta a la democracia, era un acontecimiento en el marco de una dura transición. Todo eso sacudió muy fuerte a la sociedad y especialmente a la juventud, que se volcó masivamente a participar. Antes de Alfonsín la política era una actividad de gente grande. Con Alfonsín los jóvenes volvieron a creer y participar.
 
Se realzó una campaña muy entusiasta, con mucho deseo de decirle ´nunca más´ a los golpes militares. En la práctica, también cambió la forma de hacer política, porque se implementó una campaña de mano a mano con el vecino.
 
Yo estaba a cargo de la zona de Vicente Casares. Históricamente en esa localidad nunca había ganado el radicalismo. Pasadas las 18, cuando se escrutó una mesa en la que siempre había ganado el justicialismo y que marcaba el termómetro, observé que Alfonsín había ganado por estrecho margen. Eso me dio la pauta de que íbamos a ganar. Y después todo fue festejo y una felicidad inmensa de los militantes y vecinos que nos juntamos en Cañuelas.
 
Héctor Rivarola
 

 



VUELVO A ABRAZARLO, DON RAÚL
 
El 30 de octubre de 1983 vivimos las primeras elecciones después de la peor dictadura militar que padeció la República Argentina.
 
En la instancia previa trabajé con convicción, con mucha garra. Repetíamos como un mantra: el Dr. Alfonsín ganará las elecciones. Claro, tenía con qué don Raúl, esa era la clave.
 
¡Qué gloriosa campaña llena de convicción, alegría radical por las tareas asumidas!
 
Colaborar en la elaboración del padrón partidario, visitar hogares llevando ese espíritu ansioso de democracia, las internas inigualadas de la UCR. El triunfo del sector interno, Renovación y Cambio al que pertenecía. Doblar boletas y repartirlas a pie o en bicicleta. Participar en actos en todas las localidades. Y por supuesto, acompañar al Dr. Alfonsín en su travesía por los distritos de la región. Inolvidables emociones en los actos de Ferro y la 9 de Julio.
 
Llegaba al 30 de octubre de 1983 integrando la gloriosa Lista 3 como candidata a concejal en segundo término. ¡Qué premio me dio la UCR! Siempre agradecida por ese honor concedido.
 
Jornada de intenso trabajo. Esperar impaciente la apertura de la urna en la mesa donde fui fiscal. Y el resultado. Ganaba Alfonsín. La llegada de los fiscales generales informando el triunfo en otras mesas y después saber del triunfo en el distrito, en la provincia y en la Nación. Risa y llanto. Fiesta grande, plena de brindis y abrazos. 
 
Era muy inocente en política, nunca pude entender el juego. Juro que entregué todo de mí para ese triunfo. Y en la banca del Honorable Concejo Deliberante.
 
A 35 años de ese día vuelvo a abrazar al Dr. Raúl Alfonsín y a mis amigos radicales de entonces.
 
Susana Frasseren

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