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Cañuelas, 11 de diciembre de 2018    N° de Edición On Line: 2762

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La madre contó cómo fue que encontró a su hija asesinada a balazos en la casa del novio

 Verónica, la mamá de Agustina Orcellet, dijo que se enteró por sus amigas que la joven estaba amenaza. “Habló de matarse y de matarla si lo dejaba”.
Agustina y Lierna en una de las últimas foto juntos.

BulletAgustina y Lierna en una de las últimas foto juntos.

08.10.2018, 09:27:44 | Policiales

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 Todavía no sabe cuánto tiempo pasó desde que mataron a su hija. Le cuesta comprender que el cuerpo vestido, tumbado, tenía varios proyectiles de balas, cuando la descubrió en la casa de su novio. Intuía que algo había pasado, pero nunca imaginó que esa vida terminaba y que ya no volvería a atender sus ocho perros, cortar el pelo a las mascotas que le dejaban como peluquera del barrio en la casa que compartía con sus padres, una hermana y una prima. Tampoco podrá escuchar que alguien se arrepienta y diga: “Yo la maté”.  El supuesto asesino también murió y casi al mismo tiempo.

Verónica atiende el llamado telefónico de EL CIUDADANO. Apenas se toma unos segundos y busca un lugar donde poder responder con más tranquilidad. De a poco confiesa que va recordando y entendiendo más cosas de lo que vivió el último fin de semana. 
 
Verónica conocía a Juan Gabriel Lierna cuando comenzó a salir con su hija. Según dijo la mamá de la chica, hacía seis años que tenían una relación de noviazgo. “No convivían. El se hizo la casa donde pasaron los hechos y desde el año pasado quería juntarse con ella. Pero para la Navidad pasada tuvieron una discusión muy grande. Era un noviazgo de fin de semana y nada más. Tuvieron cuatro años de idas y vueltas, pero ella nunca nos dijo nada de una relación violenta. Yo prestaba atención. Pero desde el año pasado ella se daba cuenta de que no era el chico que quería, que podía confiar. Había resultado muy celoso y no la dejaba ni que estuviera en Facebook. Pero este año ella cambió y se hizo más habitué de las redes sociales. Y no quería hacer más nada con él. Era una nena muy buena y me decía que le daba pena dejarlo. No sé si le tenía miedo. Después de lo que pasó, me enteré por comentarios de otras chicas que ella les había confiado de las amenazas. De matarse él, de matarla a ella si lo dejaba. Entonces creo que ella tenía miedo pero yo no sabía todo eso”.  
 
Durante la entrevista con este semanario recordó que el sábado pasado se comunicaron vía whatsapp. Hablaron del trabajo que compartía con una prima. Además estaba al tanto que se iba a ver con su novio como era habitual los fines de semana.

El domingo su madre se acercó a Máximo Paz con ropas para colaborar con los inundados y le envió un mensaje. Agustina no le respondió. Se fue hasta la casa del chico y vio que estaba todo cerrado. Preguntó a una abuela del joven si los había visto ese día. La anciana de más de 80 años le respondió que el día anterior sí los había visto. Se fue hasta la casa de la madre del muchacho y tampoco sabían algo de la pareja. De vuelta en Petión y por comentarios en su hogar se enteró de que su hija iba a concluir con la relación. “Me empecé a desesperar y llamar a todos. Quería saber dónde estaban. Llegué hasta la casa de la hermana de él, me encontré con su madre, una cuñada, una hermana. Nadie sabía nada. ‘Algo les pasó’ me dijo su madre y empezó a comunicarse con sus familiares. Tampoco sabían algo. Salimos en auto. Llegamos a la casa del chico y el yerno de ella vio que Juan estaba colgado”.
 
“De la desesperación no quería entrar –Verónica respira más profundo– hubo gritos, la madre del chico se tira al piso, voy corriendo, lo veo a un chico que sale con algo, como que escondía, que no sé qué era y le pregunté. Me negó que se escondiera algo y me respondió que estaba echo pelota igual que yo. Me dice la mamá que estaba viva mi hija. Entré, pero ella estaba sin vida. No vi sangre. La toqué, estaba con todo puesto, parece que estaba por venir. Salí a los gritos. Llamé a mi familia y después no recuerdo nada más. Creía que estaba estrangulada y ahora ya sé que había sido baleada. Es desgarrador”.   
 
La joven se dedicaba a la peluquería canina y para ello había montado un salón en la casa de sus padres en la calle Piedras 135 de Alejandro Petión. Su padre, ferroviario, la ayudaba con el traslado de los animales en una camioneta que habían comprados juntos para esa actividad. Tenía clientes en varios lados.
 
La madre reconoce que no había buenos antecedentes del chico ni en su entorno familiar. “Hacía algunas changas supuestamente con los camiones del padre, pero nunca tenía trabajo. Yo se lo decía a ella, pero estaba enceguecida en los primeros años de la relación. El primer año el chico cayó detenido y le dije que no era para ella, entonces me respondió que había que dar oportunidades a las personas. El muchacho cuando venía a casa, no tenía conversación, no se integraba a la familia, a las fiestas tampoco venía. Era raro para mí. Le preguntaba si la golpeaba y hasta me fijaba cuando la veía desnuda si tenía alguna marca. Nunca vi nada, pero esto de las amenazas, después me enteré por sus amigas. Le hacía promesas a ella de que se iban a arreglar, de que iba a cambiar y la terminaba convenciendo”.
 
Los chicos se conocieron en Máximo Paz y aunque la madre del joven también es apellido Orcellet, la madre de Agustina aclara que no tienen vinculación directa y que hay una rama en Ezeiza con el mismo apellido. Suelen juntarse todos los de ese linaje una vez al año en una localidad de Entre Ríos. 
 
A Verónica, a sus 41 años, le quitaron a su hija mayor. Queda una chica de catorce años. “Era re compinche con Abril y compartían reggaetón en un salón de la calle San Martín, además hacía crossfit, tenía ocho perros chicos y dos perros grandes a los que amaba”.
 
Agustina había nacido el 23 de mayo de 1994 en el hospital Marzetti. Estudió la escuela primaria en el Silos de Cañuelas. Hizo una parte de la secundaria en el Don Bosco y concluyó el secundario con el plan Fines. Se lanzó a trabajar con un curso de peluquería canina que hizo en Lomas de Zamora.
 
La chica fue velada en la cochería Rodríguez de Cañuelas y el muchacho en Tristán Suárez e inhumado en un cementerio del gran Buenos Aires. Fue un gesto de la familia de Lierna para no cruzarse y agregar más dolor al dolor.

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