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Segunda denuncia en el Santa María: “Le miraba la boca y le tocó las piernas. Cuando ella se lo quería sacar de encima, la agarraba de la cintura”

 A raíz de la primera difusión de abuso sexual en el instituto Santa María otra adolescente, de 16 años, sacó a la luz el traumático acoso que sufrió por parte del apartado padre Carlos Bareuther. El viernes 21 de septiembre la familia asentó la acusación en la Comisaría de la Mujer.  
La segunda víctima también relató que el padre Carlos la retiraba del aula.

BulletLa segunda víctima también relató que el padre Carlos la retiraba del aula.

29.09.2018, 16:42:44 | Actualidad

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 Vanesa y Víctor son los padres de una estudiante que cursa el quinto año del secundario en el colegio Santa María. Hace 10 años que viven en el Barrio San Esteban y en el 2013 eligieron para su hija, ex ayudante de catequesis, este instituto privado por su nivel educativo y por ser una familia creyente. 

Estos antecedentes quedaron pisoteados luego de que la joven pudo vencer el miedo y exponer la perversión del cura Carlos Bareuther y las artimañas del establecimiento para esconder los casos de niñas abusadas, que por el momento sos dos.
 
Había transcurrido una semana aproximadamente cuando EL CIUDADANO reveló el primer acoso a una nena humilde de 14 años. Mientras los directivos del colegio se preocupaban por desmentir a este medio local, los estudiantes marchaban en el centro de la ciudad para que se esclareciera e investigara la primera denuncia. En este contexto y en plena movilización la joven de San Esteban tomó impulso y decidió hablar con su madre.  
 
En una reunión reservada y cuidada la familia accedió a revelar la historia a este medio. Con su voz al borde del quiebre Vanesa, madre de la estudiante, narró “Mi hija me contó que más o menos en agosto estuvo hablando con el cura porque él la vio mal. Y que ella se largó a llorar, pero por cosas que le pasan como adolescente. Yo pensé ‘bien’ y le dije, confiando en que era un cura ‘esta bien mami, si a vos te hace bien’. Otras veces también empezó a hablarme mientras yo hacía otras cosas pero no me dijo más nada”.
 
“Hasta que el sábado nos enteramos por Instagram de la noticia de abuso y ella me dice ‘a mí también me sacaba del aula para hablar’. Me dijo que ella hablaba y lloraba y él la abrazaba; y que el abrazo duraba más de lo normal y se sentía incómoda. Me dijo que el cura le hablaba cerca del cuello y sentía su respiración mientras le daba palabras de aliento. Luego me dijo que cuando ella se lo quería sacar de encima, él la agarraba de la cintura y la llevaba para su cuerpo. Mi hija zafó, porque lo sacó y se fue”, suspiró la mujer.
 
Mientras Vanesa se toma una pausa, Víctor, el padre, asume la responsabilidad: “La noticia fue un detonante. Nosotros nos enteramos después de que explotó y empezamos a averiguar. Ésto no hay que dejarlo pasar, tampoco hay que destruir a una persona o una institución pero queremos justicia, por eso hicimos la denuncia contando qué pasó. Ésto no es para ensuciar a nadie, sólo queremos que averigüen y se aclaren las cosas, para eso esta la justicia”.
 
Recompuesta, Vanesa continúa: “Ese fin de semana ella se animó a hablar y en la marcha, a la que fuimos con ella, contó lo sucedido. Se soltó mientras las compañeras le decían ‘contale a tu mamá’. En otro momento el cura sólo la fue a buscar al aula y le preguntó a una preceptora si podía usar la sala de video. Entonces la hizo sentar en el fondo y él le miraba la boca y las piernas cuando tenía el uniforme de la pollera. Constantemente la miraba y ella estaba incomoda mientras él le hablaba. En un momento él le apoya la mano en las piernas, ella se asustó, se levantó, le dijo ‘chau’ y se fue. Luego en los recreos la miraba todo el tiempo, ella iba para el kiosco y él la seguía con la mirada”.
 
Todas estas penosas escenas habrían transcurrido en agosto y por las similitudes encontradas en las dos denuncias que investiga el titular de la UFI Nº1, Lisandro Damonte, la técnica utilizada por el “padre” era acercarse a jóvenes que quizá tenían algún problema personal o familiar y atraparlos con palabras de un confidente. 
 
 Por su parte, Víctor detalló: “Tenía esa modalidad porque a otros compañeros también los retiraba del aula y a solas. Ese es el reclamo que más hicimos nosotros ¿por qué el cura los retiraba del aula y los llevaba a la sala de música a solas? Y no tenemos explicaciones del colegio, sólo no dijeron que era ‘algo normal, como si fuera una confesión’. No había nadie controlando”. Y agregó: “Hay chicas que te cuentan cosas llorando y siempre relacionado con el cura y quizá los padres no saben. Hasta los chicos habían averiguado que en Laferrère habría sucedido otro caso similar. Ahí abrimos los ojos y dijimos tenemos que hacer la denuncia”.
 
EL DÍA DE LA DENUNCIA
 
Cuando la familia cañuelense decidió, el pasado viernes 21, realizar la declaración policial en la Comisaría de la Mujer apareció ‘casualmente’ en el lugar el director del colegio Santa María, Mario Mansilla, para cerciorarse de la concreción judicial. 
 
La casualidad sirvió de oportunidad para Vanesa que relató “El día anterior a mi denuncia los directivos pasaron por las aulas para ver si alguien quería hablar y mi hija levantó la mano. Mientras contaba lo que había pasado -el abuso del cura- ellos iban tomando nota y le hicieron firmar lo que decía. Justo cuando estaba haciendo la denuncia aparece el director que quería saber si iba a hacer la denuncia y le dije ´mi hija es menor no puede firmar nada.´ Desde un primer momento actuaron mal”. El directivo no dio alguna explicación por ésta acción. 
 
Mientras la joven decidió seguir en la institución, sus padres aclaran que casi no tienen relación con el director. “Ellos dicen que no saben si los relatos son verdad. Yo voy a creer en mi hija”, aseveró la madre.

En este contexto la relación de confianza entre la dirección del establecimiento y los padres está resquebrajada. Víctor enfatizó “Encima los directivos dicen que ‘el pacto de confianza de ellos con los alumnos ya se rompió’ y por eso se suspendió un viaje. ¿Y nosotros que confianza podemos tener con ellos? La confianza la perdimos los padres, que somos laburantes, nos sacrificamos para pagar la cuota y llevarlos al colegio. No sé qué va a pasar, si lo nuestro pasa a mayores, espero que no haya represalias en lo educativo”, cerró. 
 
RUMBO A LA PLATA
 
“Yo lo único que no quiero es que cuando ella hable con los psicólogos enterarme que haya pasado algo más y no me contó. Eso me da miedo”, recalcó Vanesa, que ayer al mediodía acompañó a su hija a La Plata para dialogar con especialistas psicológicos. Existía la posibilidad de que la adolescente fuera examinada físicamente. También se evalúa la utilización de la cámara Gesell.  
 

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