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Se inició una causa penal por abuso sexual contra el catequista del colegio Santa María y se presentó una nueva denuncia

 El sacerdote fue separado del contacto con alumnos y vive en una casa del Obispado. Detalles del encubrimiento que realizó el complejo educativo y la “obsesión” del cura por la alumna. Indignación de los docentes, que se sientes burlados. Al cierre de esta edición se conoció un nuevo caso.
Se inició una causa penal por abuso sexual contra el catequista  del colegio Santa María y se presentó una nueva denuncia

22.09.2018, 17:31:42 | Actualidad

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 El titular de la UFI Nro. 1, Lisandro Damonte, quedó a cargo de la investigación por abuso sexual que se sigue contra el padre Carlos Bareuther, un sacerdote salesiano de 47 años que brindaba la catequesis en los tres niveles del complejo parroquial Santa María. 

Una alumna de 14 años denunció que el catequista le tocó la cola y que la habría abrazado de manera excesiva durante una charla a solas. Los hechos habrían ocurrido justo antes de las vacaciones de invierno o en el reinicio de clases en la sede de la calle Mosconi.
 
En una reunión con los directivos del colegio, decidieron cambiarla a otro establecimiento de Cañuelas donde comenzó a cursar el lunes 10 (para salvaguardar su identidad se omite mencionar su nuevo destino). En simultáneo el sacerdote fue desplazado de su cargo.
 
Al cierre de esta edición los padres de otra adolecente de 16 años se presentaron en la Comisaría de la Mujer para realizar una denuncia en términos similares a la primera. La causa quedó radicada en la UFI 2, que dispuso una toma de declaración en un gabinete especializado de La Plata.
 
Entre el 8 y el 9 de septiembre la madre de la primera joven se presentó en la Comisaría de la Mujer para denunciar que su hija había sufrido manoseos y un cierto hostigamiento. Según fuentes judiciales, el relato de la mujer es coincidente con los WhatsApp que la chica intercambió con sus ex compañeros del Santa María, los que fueron revelados la semana pasada en este medio.
 
Ni bien tuvo la causa en sus manos, el fiscal Damonte solicitó el legado de la alumna y un detalle de las tareas que realizaba el padre Carlos. Los directivos locales fueron reticentes a entregar esa información, pero ante la insistencia del fiscal, accedieron a suministrarla. También entregaron copia de un documento administrativo interno en el que Bareuther asegura que no tocó a la estudiante y que todo forma parte de “un malentendido”.
 
Damonte envió otro oficio al Ministerio de Seguridad y al Registro de Reincidentes para verificar si el imputado cuenta con algún antecedente; y otro oficio al Obispado de Gregorio de Laferrère para que declarara el domicilio del sacerdote. Desde la sede diocesana informaron que está viviendo en una casa del Obispado ubicada en el gran Buenos Aires y confirmaron que no se encuentra en contacto con alumnos.

El martes 18 el padre Carlos se presentó en la Comisaría de la Mujer donde fue comunicado de su imputación en un expediente por abuso sexual (tocamientos) .Se obtuvieron sus fichas dactilares y se registró su domicilio. Al mismo tiempo el abogado Horacio Gustavo Velaz se presentó en la UFI 1 como defensor del cura.
 
Al cierre de esta edición El Ciudadano contactó a Velaz, quien se negó a hacer declaraciones. “Lo estoy representando pero no voy a decir ninguna palabra sobre la causa”, expresó.
 
Entre tanto, el Juzgado de Garantías 8 confirmó el pedido de cámara Gesell solicitado por la UFI 1. Esta medida de prueba se llevará a cabo en octubre.
 
Bareuther llegó a Cañuelas a principios de este año enviado por el obispo Gabriel Barba. 

Entre el 1 de enero de 2006 y el 4 de marzo de 2012 fue párroco de San Juan Evangelista, en el barrio porteño de La Boca y director del colegio parroquial del mismo nombre. Del 4 de marzo de 2012 al 20 de febrero de 2018 permaneció a cargo de la parroquia Santa Catalina de Alejandría y del colegio homónimo, en el barrio de San Telmo.
 
El 14 de diciembre se hizo un acto para despedirlo. Allí mencionó, ante padres y alumnos reunidos en el SUM, que su nuevo destino no estaba geográficamente lejos.
 
CONMOCIÓN EN EL SANTA MARÍA
 
La noticia revelada el sábado pasado por El Ciudadano generó un verdadero shock en el complejo parroquial. Ante lo inédito del caso muchos pensaron que era un “invento” de este periódico. Sin embargo, con el correr de las horas, mientras los grupos de WhatsApp ardían, los propios alumnos y docentes fueron atando cabos. La noticia explicaba por qué el padre Carlos se había ido de un día para el otro, sin despedirse. Entonces sobrevino la indignación.
 
Gran parte del equipo docente se sintió burlado por los directivos y representantes legales, quienes en una reunión de perfeccionamiento mantenida la semana pasada dijeron que el padre Carlos se había ido del colegio de manera sorpresiva porque el obispo lo necesitaba en Laferrère. 
 
La publicación de El Ciudadano descolocó a los directivos, que habían previsto la estrategia de ocultar el hecho para evitar un escándalo público. El mismo sábado 15 redactaron un comunicado que fue distribuido el lunes 17. El texto menciona la “incomodidad” que sintió una alumna por “dichos y gestos” del cura a cargo de la catequesis. Y luego afirma que “en forma inmediata se le solicitó al sacerdote que suspendiera sus actividades”. En otro párrafo se agrega que el sacerdote “está a disposición de las autoridades educativas a fin de colaborar con el esclarecimiento de los hechos”. También se alude a una supuesta elevación del caso a la DIPREGEP, órgano oficial que regula el funcionamiento de las escuelas privadas.
 
Durante la semana se efectuaron varias reuniones para contener el enojo del personal. “Les pedimos perdón, pero no pudimos hacer otra cosa más que ocultar lo que estaba sucediendo. Por protocolo no podíamos contar lo que había sucedido” dijo la representante legal Silvina Lías, mientras su colega y director, Mario Mansilla, se mantenía cabizbajo y en silencio.
 
Las explicaciones no alcanzaron. “Nos mintieron”; “Nos trataron como estúpidas” fueron algunos de los reproches que se lanzaron en medio de un clima tenso.
 
Los docentes también tuvieron que poner la cara ante los padres que enviaban consultas en los cuadernos de comunicado. “Muchos creen que nosotros sabíamos lo que había pasado con el padre Carlos y la realidad es que no sabíamos nada. Nos enteramos por El Ciudadano. Por eso es que estamos tan furiosas”.
 
De acuerdo a los testimonios que recogió este medio, una de las más indignadas era una de las docentes de la chica, quien enfrentó a los directivos en duros términos. Esa profesora relató que en varias oportunidades notó que el sacerdote buscaba a la alumna para sacarla del aula en horario de clases. Dejó traslucir que el cura estaba “obsesionado” con ella. A la chica le molestaban esas frecuentes excursiones con el sacerdote a su oficina lo que le habría solicitado a la profesora que no la dejara salir. Fue así que en una siguiente visita de Bareuther la profesora le dijo que la alumna estaba “floja” en esa materia; que la retirara en otro momento. La chica respondió con una sonrisa de alivio.
 
Una ex alumna del padre Carlos en el Colegio San Juan Evangelista de La Boca consultada por El Ciudadano lo no lo recordó de la mejor manera. “Yo egresé en el 2008. Como grupo no tuvimos algo en particular que avale que sea un abusador. Pero sí te puedo decir que era súper machista. Los varones podían elegir entre hándbol y educación física pero las mujeres no. Obligatoriamente teníamos que hacer educación física”. La chica agregó otro detalle: “Siempre nos hacía ir en pollera. En pleno invierno teníamos que ir en pollera y si no, amonestación”.
 
FRENTE A FRENTE CON LOS PADRES
 
A partir del jueves las autoridades del Santa María mantuvieron reuniones grupales con los padres del primario y secundario. El objetivo fue contener el enojo de la mayoría por la falta de información, algo extraño para un colegio conducido por un obispo que en diciembre fue designado como presidente de la Comisión de Comunicación del Episcopado por su hábil manejo de las redes sociales y el uso de las nuevas tecnologías.
 
La representante legal Silvina Lías llevó la voz cantante y en tono muy light intentó salvar la responsabilidad del colegio al señalar que la familia de la estudiante nunca habló de un “abuso” ante los directivos sino de “incomodidad” por el trato del sacerdote. 
 
También aseguraron que ni bien se enteraron de la situación separaron al catequista del contacto con alumnos; dieron aviso a sus superiores, al Obispado y a la Dirección General de Educación de Gestión Privada (DIPREGEP) con sede en Mercedes.
 
Eso no es cierto. De acuerdo a fuentes consultadas por El Ciudadano en Mercedes y en La Plata, la denuncia no fue realizada por el Santa María sino por los padres de la chica. Y lo hicieron incentivados por los directivos del nuevo colegio al que concurre, quienes pidieron realizar una presentación ante las autoridades para poder justificar la inscripción en un contexto de escasez de vacantes y en esta inusual altura del año. Todo apunta a pensar que la estrategia del complejo parroquial era silenciar el tema y evitar que se conociera.
 
Adelantaron que la semana que viene habrá un equipo técnico trabajando y reflexionando el tema con los estudiantes; y reconocieron que se vieron desbordados por una situación que nunca se había vivido en el complejo en sus más de cincuenta años. "Tenemos que trabajar para que esto no vuelva a pasar y al mismo tiempo replantearnos cómo manejar estas situaciones" fue la única autocrítica que se deslizó en la charla.

En su nueva escuela la chica de 14 años cumplió su segunda semana. El lunes, en respuesta a la publicación de El Ciudadano, un integrante del equipo directivo visitó las aulas y les habló a los chicos. Les contó, a su modo, lo que había sucedido y cómo actuar ante la nueva compañera. “Ella se sintió mucho mejor. Por primera vez desde que llegó la vimos sonreír”.
 

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