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Una banda siembra terror en Los Aromos

 En el lapso de pocos días al menos cuatro familias de la zona fueron atacadas por un grupo de peligrosos delincuentes. A una de las víctimas la torturaron con una plancha caliente. A otra de las víctimas también le robó la policía.
Gabriela Contreras y su hijo muestran los signos de la violencia.

BulletGabriela Contreras y su hijo muestran los signos de la violencia.

20.09.2018, 10:52:05 | Policiales

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 Una banda de cuatro asaltantes (más un quinto que permanece de campana) perpetraron al menos cuatro asaltos contra familias de Los Aromos y los barrios cercanos Caisol y Etchebehere. Todos los hechos tienen características similares: fueron cometidos a la noche por delincuentes jóvenes vestidos de negro y a cara descubierta. Utilizan precintos para inmovilizar a las víctimas y se muestras sumamente agresivos. 
 
GOLPES Y TORTURAS EN LA CASA DE GABRIELA CONTRERAS
 
El último caso conocido ocurrió el jueves a la noche en la casa de Gabriela Contreras, en la calle Rodríguez Peña entre Haití y Cuba (barrio Caisol, detrás de la Policía Caminera).
 
Leandro, uno de los hijos de Gabriela, se encontraba guardando el auto cuando aparecieron los cuatro delincuentes que lo redujeron y lo obligaron a ingresar al domicilio, donde se hallaban Gabriela y su otro hijo más chico.
 
“Eran todos muchachos de unos veinte años, cara descubierta, vestidos con equipo de gimnasia negro, gorra y mochilas. Todos estaban armados y hablaban con otra persona que seguramente estaba vigilando afuera” relató Gabriela a El Ciudadano.
 
“Yo estaba en el sillón cuando llega mi hijo rodeado por esta gente. ´Quedate sentada porque venimos a robar´ me dijeron. Después les pusieron precintos a mis hijos y empezaron a pedir plata y dólares. Les di lo que tenía pero querían más. A mi hijos le pegaban con las armas en la cabeza y a mí me quemaron el pómulo con la plancha. Me podrían haber destruido la cara, no lo hicieron porque apareció uno que lo frenó al que me estaba quemando. ´Qué mierda estás haciendo´ le dijo, y lo sacó”.
 
Finalmente se llevaron dinero, alianzas, algunos elementos de oro y zapatillas que guardaron en sus mochilas. Ataron a Gabriela y se fueron.
 
La mujer logró desprenderse y o alcanzó a ver el vehículo que usaban los delincuentes; una camioneta Amarok negra, vehículo que Gabriela observó merodeando por su casa durante la tarde del jueves. 
A la vuelta de la casa los delincuentes abandonaron un Gol o Corsa que sufrió una pinchadura. Por eso se llevaron el Chevrolet Celta Rojo del hijo de Gabriela, matrícula MTU 312.
 
Los tres integrantes de la familia terminaron shockeados y lastimados, Gabriela con la cara enrojecida por la quemadura de la plancha y sus hijos con varios cortes en el cuero cabelludo más un moretón en un ojo producto de una patada.
A los 10 minutos del hecho apareció la policía. Gabriela no se explica cómo se enteraron del hecho, porque en medio del caos, el miedo y el shock, no alcanzó a dar aviso de las autoridades.
 
Acompañada por familiares, Gabriela permaneció despierta hasta las 6 de la mañana aguardando la llegada de la Policía Científica, pero la espera fue en vano. Los agentes nunca llegaron.
 
ATAQUE A LA FAMILIA RODRÍGUEZ
 
El lunes a la noche le tocó a la familia Rodríguez del barrio Etchebehere. 
 
A sólo un par de cuadras del Polideportivo del CFC en la calle Juan XIII al 700, Renzo, hijo de Fabián Rodríguez, y su amigo Matías Dipp acababan de lavar sus motos y estaban guardando las cosas alrededor de las 20:15. Cuando Renzo cerraba la puerta de su garaje escuchó que le chistaron, al levantar la cabeza ya tenía un arma en la sien y lo empujaron hacia adentro. 
 
Mirian, esposa de Fabián y madre de Renzo, relató: “Estaba mi hijo con un amigo en la puerta, justo llega mi marido y le dijo que entren las cosas. Cuando mi hijo iba a cerrar el portón le chistaron, cuando se dio vuelta ya tenía el arma el arma en la cabeza y lo golpearon. Entonces lo meten adentro con el amigo y le precintan las manos. Del garaje los llevan a la cocina, mi marido estaba enchufando el celular y mi hijo le dice: ‘papi tranquilo’”.
 
En ese instante los cuatro ladrones ingresaron dentro del hogar familiar para golpear y precintar a Fabián al grito de “dame la plata, dame los dólares”. El siguiente paso fue separar a la familia. A Renzo se lo llevaron a la pieza de arriba donde le exigían dinero y se apoderaron del sueldo que había cobrado justo ese día.
En ese momento llegó la otra hija del matrimonio que había decidido comer en la casa de al lado. La golpearon, le reclamaron su celular y la llevaron a otra pieza en donde le robaron unos ahorros que tenía para construir su casa. 
 
Los delincuentes estuvieron dando vuelta la casa alrededor de una hora y estaban fuertemente armados sin proteger sus rostros en ningún momento. Aparentemente su rango de edad rondaría entre los 17 y 27 años, no estaban drogados y lucían un aspecto cuidado. 
 
Mirian, que volvía de trabajar, se bajó del auto sin darse cuenta lo que ocurría dentro de su casa. “Yo llegué, toco bocina para que me corran la moto porque no podía entrar, me acercó a la puerta y me abre uno de los chorros apuntándole a mi marido a la cabeza. No había autos, ni nada extraño. Me llevaron la plata que tenía del alquiler”, resumió.
 
Todo el botín entró en una mochila que llenaron con plata, anillos y cadenas de oro, celulares y zapatillas.
En un momento amagaron con llevarse las motos pero luego desistieron. En un momento realizaron una llamada a su ‘campana’ que esperaba por algún lugar cercano y en cinco minutos desaparecieron. También se llevaron las llaves de los autos y de la casa, a ésta última la tiraron en la casa del vecino. 
 
Matías, el amigo del hijo, fue al hospital y los exámenes arrojaron una fisura de cráneo. 
 
 “No tengo la más pálida idea de la fisonomía que tenían porque estaba en shock. No rompieron cosas, no estaban drogados, tenían guantes. Todos con armas grandes, amenazaban con lastimar a los chicos. Gracias a Dios no vino la novia de mi hijo que iba a venir. Los días después no dormís, no comes, cierro antes el negocio, vengo mirando todo. Venís traumada a ver si te sigue alguien. Nos dejaron sin un solo peso literal”, arremetió Marian y agregó: “No son de acá porque vinieron a cara descubierta y en ningún momento nos dijeron ‘no nos mires o baja la cabeza’, por lo menos los que entraron. Ojala que no le toque a nadie más. Ahora no podemos parar tenemos que trabajar porque te dejan en la ruina, tenés que sacar fuerza de donde sea y seguir”. 
 
EL PRIMER ASALTO DEL CUARTETO
 
Las primeras víctimas de esta peligrosa banda fueron los integrantes de la familia Petz del barrio Morgante, quienes sufrieron una entradera de similares características. Eran alrededor de la 20:50 cuando Rocío Petz volvía con su hija de un curso y tras los cuidados necesarios se aprestó a entrar su vehículo. 
 
“Cuando me estaba bajando del auto veo que una persona armada me tira adentro del auto. Otra persona saltó por el capot y me apuntó. Gracias a Dios la nena no volvió a cerrar el portón. No sé dónde estaban, ni de dónde salieron porque yo venía en el auto y siempre miro para todos lados”, recordó la dueña de casa.
Cuando los delincuentes ingresaron a la casa dan el grito a sus cómplices ‘ya estamos adentro’ e ingresan otros dos hombres.  
 
“Gabriel, mi marido estaba en el sillón y la nena en el baño. Le digo a mi esposo ‘negri quédate tranquilo’ con las dos personas apuntándome detrás de mío. Uno le golpea la cabeza a mi marido y lo corta y otro va a buscar a mi hija al baño”.
 
Al igual que en los demás episodios los malvivientes pedían plata y dólares y utilizaron la misma técnica delictiva al separar a los integrantes de la casa, precintarles las manos y exigirles dinero. 
 
La vecina del barrio Morgante detalló: “A mi marido lo llevaron a la pieza y le pegaron, le decían cosas que supuestamente yo había dicho y a mí me hacían lo mismo para ver si teníamos plata escondida”.
El sufrimiento de lo Petz duró 20 minutos ya que Rocío se desmayó y los cacos al ver que la mujer no respondía increíblemente se marcharon. En todo este lapso de tiempo el portón y las puertas de la casa permanecieron abiertas e incluso las luces del auto quedaron encendidas.
 
“No escuché ni autos, ni nada. Eran chicos educados, bonitos, no estaban drogados, ni alcoholizados y estaban todos vestidos de negro. Por una semana no pude ni salir, me llevaron hasta los ahorros del viaje a Bariloche de mi hija”.

DESPUÉS LES ROBARON TAMBIÉN LOS POLICÍAS
 
Luego de robar el dinero y las pertenencias de la familia Petz los delincuentes se fueron del lugar con la camioneta de Gabriel que tenía poco gasoil. Por eso la policía encontró el vehiculo en la zona cercana de ‘Los Pozos’. 
 
Cuando el señor Petz llegó al lugar registró la camioneta para buscar un arma legal de su pertenencia y la encontró en un lugar inusual. Resulta que en el ‘recoveco’ tradicional donde guarda su pistola también tenía guardado algo de dinero que debía devolver al otro día y por eso decidió dejarlo en un lugar ‘seguro’. 
 
Por lo tanto encontró el arma, pero no el dinero. Entonces se dio cuenta de que la propia policía le había hurtado la plata. El hombre descubrió la sucia maniobra ya que los delincuentes se habían llevado de su domicilio hasta unas pistolas viejas de recuerdo y no entendió cómo no se habían llevado una nueve milímetros mucho más nueva que la de su casa. Enfrentó a la misma policía y en una hora y media el comisario le devolvió casi la totalidad de la suma que se encontraba en la camioneta. 
 
En la denuncia con la policía local no quedó asentada ésta parte de la historia ya que justificaron que fue un malentendido; pero en otra denuncia realizada en la Departamental de La Plata sí. 
 
CACHO DOMÍNGUEZ, LA SEGUNDA VÍCTIMA
 
El miércoles 5 de septiembre el curandero gaucho Raúl ‘Cacho’ Domínguez permaneció maniatado con precintos durante varios minutos, tras haber sido abordado en la entrada de su casa del barrio Los Aromos por cuatro sujetos armados.
 
El hombre de casi 80 años sufrió varios cortes en la cabeza producto de los culatazos y un corte en el glúteo izquierdo provocado por un puntazo de arma blanca. 
 
“Me había quedado la camioneta en la puerta. Estaba solo y cuando terminé de ingresarla vi a unos jóvenes corriendo hacia mí. Creí que estaba mi nieto entre ellos. Pero después me di cuenta de que eran chorros. Me apuré a bajar de la camioneta, cerré de un portazo. A uno pude tirarlo, pero se metieron igual. Eran cuatro. Tendrían entre 20 y 35 años. Uno de ellos tenía la cara cubierta. Se me vienen encima y empiezan a pegarme con las armas. Todos armados. Me ponen fuerte un precinto, me arrastran, me pegan y me exigen la plata. Me insultan, me tiran en mi cama y empiezan a revisar las cosas, hasta que ven un cuchillo y me lo clavan en la nalga izquierda. Empezó a salir un montón de sangre y me gritan que querían los dólares” relató Domínguez a El Ciudadano.
 
Cacho estimó que estuvieron unos 40 minutos. “Como podía empecé a arrastrarme. Le pedía fuerzas a mi mamá. Me descomponía de los golpes. No sé cómo llegué hasta la puerta, pero pude gritar a la casa de mi hijo, que vive al lado. Un nieto me reconoció la voz y salió a auxiliarme. Me caí delante de él” agregó el curandero.
 
A partir de esta sucesión de casos similares la Fiscalía 1 a cargo del Dr. Lisandro Damonte sospecha que se trata de los mismos autores, por lo que se dispusieron medidas para tratar de localizarlos. 
 
 

© El Ciudadano Cañuelense

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