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Cañuelas, 17 de noviembre de 2018    N° de Edición On Line: 2738

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Ella decide cuándo es de día; ella maneja el sol…

  Aquella niña que a los 3 años inspiró la canción de Víctor Heredia hoy dicta clases de canto en el Instituto Cultural de la calle Del Carmen.
Daniela Heredia.

BulletDaniela Heredia.

05.07.2018, 10:21:29 | Sociales

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 Se siente cómoda cuando le preguntan por su padre, una de las voces más reconocidas del país. Asegura que desde que era una criatura sabía que su destino estaría ligado a la música, mientras su bebé de cuatro meses permanece tranquilo en su cochecito en una de las dependencias del Instituto Cultural de Cañuelas (ICC), quizá presagiando el mismo camino.

Desde abril Daniela Heredia, de 38 años, tiene a cargo cuatro cursos de canto para todas las edades y niveles. La acompaña su marido, Joaquín Errandonea, profesor de coro en el ICC, con quien comparte el dúo Dos Puntos.
 
“Estoy muy contenta con los grupos y la propuesta del Instituto. Es impecable lo que se trabaja y si lo comparo con muchos lugares de la Capital, acá se destaca e importa la cultura”, dice.
 
-¿Cuándo supiste que tu destino era la música?
-Parece que era inevitable. En algún momento estaba conflictuada con la música e intenté hacer otras cosas, pero la música estuvo siempre tan naturalizada en mi casa que de alguna manera todos la absorbimos. Somos cinco hermanos, todos con diversas ocupaciones, hay uno que juega al fútbol, otro es chef y dueño de restaurante, dos son productores, pero todos son músicos naturales.

-¿Hay alguna canción con la que dijiste ´ahora soy cantante´?
-No. En un principio tocaba el piano desde nena, no sabía que iba a ser cantante, ni qué música elegiría. La vida me fue llevando. En la adolescencia me orienté más y después me formé en el instituto terciario del Sindicato Argentino de Músicos.
 
-¿Cómo te llevas con la crítica, con el periodismo?
-Nada, soy under. Con mi marido tenemos el dúo Dos Puntos desde hace unos años, interrumpidos por cuestiones de los nacimientos de los hijos. Hace  un año que empezamos a grabar un disco. No somos conocidos ni nada.  Vamos de a poco, y así es la vida del músico.
 
-¿Alguna vez le preguntaste a tu padre cómo se llega a ser un músico masivo y cómo se sostiene el reconocimiento del público a lo largo de tanto tiempo?
-No.  No debo preguntárselo, creo. Fue todo en medio de un momento político y social muy particular, con una industria musical enfocada en determinadas cuestiones. También hay que saber estar en un determinado lugar, con una convicción que no es común a todos. La fama es consecuencia de ser visible para muchos y ser una persona popular. En mi caso no me interesa, pero si viene, bárbaro. Si movilizamos la fibra a tres personas, me siento satisfecha. Me encuentro con un montón de colegas que no tienen la pantalla que se merecen, que no venden para la industria musical.
 
-¿Tuviste algún tipo de conflicto con tu padre por su trascendencia?
-Es mi familia. No es un competidor. Es un orgullo, al igual que mi madre.  No hay sombras, fantasmas, nada... Sufro y festejo con ellos.
 
-¿Saben tus alumnos de Cañuelas que inspiraste una de sus canciones más hermosas de Víctor Heredia?
-Algunos pocos. De todos modos la famosa no soy yo, sino el personaje de la letra. A muchos les genera confusión que pinto las paredes desde hace 36 años… Pero esa persona creció y es autónoma.
 
“Dulce Daniela” llegó a convertirse en un himno en los años 80. Heredia ha contado en algún medio: “Es una canción verdadera. Es una canción que yo escribí para mi hija cuando tenía tres añitos y nos pintarrajeaba todas las paredes del departamento en el que vivíamos, lo que al principio nos produjo un poco de enojo, pero después reaccionamos porque era en plena etapa de la dictadura y aquellos dibujitos que encontrábamos a la mañana en cualquier lugar de la casa nos empezaron a arrancar sonrisas. Por eso le escribí una canción para agradecerle por quitarnos un poco la tristeza de aquellos momentos”.
 

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