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Cañuelas, 15 de diciembre de 2018    N° de Edición On Line: 2766

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Se recupera la mujer lesionada en la cabeza

 A 15 días de haber recibido el impacto de un hierro en el cráneo, María Ana Morello ya se encuentra en su hogar de Máximo Paz junto a sus hijos y nietos. Recibió a EL CIUDADANO y recordó lo sucedido después de superar un complejo cuadro de salud.
Maria Ana junto a su hija Blanca.

BulletMaria Ana junto a su hija Blanca.

15.02.2018, 09:18:25 | Actualidad

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 Por estos días la familia Martínez/Morello está más unida que nunca. Se brindan contención, afecto y comunicación. Reciben muestra de solidaridad y tienen mucha confianza en la recuperación de María Ana, madre de 12 hijos y abuela de 29 nietos.

En la mañana del 24 la mujer recibió el golpe de un hierro en el medio de la cabeza. Luego de una milagrosa recuperación en el Hospital El Cruce de Florencio Varela, el sábado regresó a su casa del centro de Máximo Paz, donde vive en compañía de su pareja, algunos hijos y nietos que se distribuyen en distintas viviendas, pero dentro de un mismo lote sobre la calle San Martín.

“No sé qué me pasó. Recuerdo que iba a pagar un cuenta que me dio una vecina”, dijo durante un breve encuentro con EL CIUDADANO.

La mujer nació hace 53 años en Córdoba. Siendo muy pequeña se mudó con sus abuelos, que vivían en Máximo Paz, donde todos la conocen como “Mariana”. Sentada en un viejo sillón, con un vestido sin mangas y calzada con ojotas, se quita un pañuelo y muestra la impactante herida. No le teme a las fotos.
-Dentro de todo estoy bien. Si estoy viva es gracias a ella, que se movió por todos lados- dice señalando a Blanca, una de sus hijas.

Sobre la mañana del hecho es poco lo que recuerda.
-Fue la señora de acá de la esquina, la mujer del señor Oscar Medina, que llamó y avisó a mis hijos. Eso fue lo que me contaron, porque yo no recuerdo nada, salvo las luces de cuando me llevaban por el hospital. Sí puedo decir que tomé el tren, bajé y seguí caminando como cualquier otra persona. Iba a pagarle a la señora Giménez la cuenta de su teléfono. Me faltaba un poco más de una cuadra para el Rapipago. Y me quedé ahí. No pude. Hoy me encuentro con que volví a vivir y todo el mundo se sorprende.
 
“FUE UN MILAGRO”
 
Blanca tiene 31 años, hace limpieza en un campo de deportes y el día que se enteró de que su madre había sido herida estaba de franco y reunida en su casa con varios hermanos, a punto de tomar unos mates. 

“El centro de pagos en Máximo Paz permanecía cerrado por vacaciones, por eso mi mamá se fue a Cañuelas. Le hacía el pago a una vecina mayor. Hizo el camino de siempre. Le faltaba media cuadra para llegar. Una vecina de acá la vio caminando. A los 20 minutos, como no aparecía la ambulancia del Hospital, y llegó una de Aymed. Las personas que estaban en la calle fueron las que llamaron. Después vino la policía”.

“Un vecino se comunicó para avisarme que había tenido un accidente, que estaba desmayada y se le había caído un fierro en la cabeza”, dijo la hija de la accidentada. ”Salí pensando en positivo, que había sido un golpecito. Un hermano se quedó con mis cinco chicos. Tomé el colectivo a Cañuelas y en el hospital me informan que tenía dañado el cráneo, que tenía un hundimiento y que la tenían que trasladar al hospital de Florencio Varela. Viajé con ella en la ambulancia y en ningún momento reaccionaba”. 

Mientras una ambulancia de alta complejidad realizaba el traslado el marido de la víctima junto a algunos de sus hijos varones se dirigieron a la comisaría a radicar la denuncia. “En la Comisaría no se la quisieron tomar”, destacó la joven. 

Llegó la noche y pudo hablar con un cirujano. “Recién ahí caí en la gravedad del cuadro de mi mamá. La tenían que operar porque la vena principal que irriga el cerebro estaba apretada. Estaba funcionando mal. Si no se operaba había riesgo de muerte cerebral. Y si la operaban también corría riesgo de muerte, porque al tocar la vena podía reventar y generar un derrame. Ni lo pensé. Estaba sola y firmé la autorización de operarla. Me pidieron que me aferrara lo que creyera. Les dije que mi mamá era muy fuerte”.

María Ana logró superar la cirugía. Cuando los médicos le dieron la noticia a su hija hablaron de “un milagro”. “Reaccionó muy pronto. Hay gente que tarda muchísimo más. El médico me dijo que tenía astillada toda la tapa de la cabeza. Fue una lesión justo en el centro”. 

Después de una transfusión sanguínea y de la intervención, a la semana pudo hacer algunos movimientos mientras permanecía entubada. Al día siguiente abría los ojos y miraba a su hija. Le hablaba y su madre respondía con un abrir y cerrar de ojos. Luego lo acompañaba con algunos ademanes. El sábado 3 recibió el alta. Salió hablando y comprendiendo todo.

El miércoles 14 debe volver a El Cruce para el primer control. Ya les anticiparon que en un año la deben operar para ponerle una prótesis en remplazo de la tapa del cráneo, que fue retirada. Ahora está cosida, con la mollera abierta, como un recién nacido, con la piel como única protección del cerebro. La cicatrización es buena y sólo toma medicación para los dolores, según detalló su hija. 

La mayor parte del día permanece sentada. “Se cansa y entre todos la ayudamos en la cocina, el baño, la limpieza de la casa. Está más acompañada que nunca por su familia. Así que charla bastante con nosotros y los nenes”, agregó Blanca. En ese sentido añadió que “está temerosa de salir de la casa, inclusive de asomarse al patio. El otro día escuchó un ruido de una botella de plástico que tenía uno de los nietos y se asustó”. 

“Como siempre, ella siempre sigue, no afloja, nunca, pase lo que pase”, finalizó Blanca. 
 

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