La batería, el cassette y una foto en sepia
Cuento de Pablo Garavaglia.
30.08.2011, 15:40:18 | Sociales
Cuando salió del laburo pasó por el taller del cuñado para pedirle prestada una batería.
Cada dos por tres solía hacer lo mismo: se la ponía al Fitito, le daba marcha para que no se pegara el motor. Lo había comprado en épocas buenas, cuando laburó en la Mercedes, pero ya hacía unos años que se le había roto la caja y no había plata para arreglarlo.
Abrió el portillo de la casa, entró con la bicicleta y sobre el caño la bolsa con la batería.
Trajo una caja de zapatos donde guardaba las llaves del auto, cassettes y fotos. Buscó uno de Sandro que rebobinó con la punta de la lapicera, ajustó con la mano los bornes y se sentó en la butaca. Abrió las ventanillas, puso en contacto, introdujo el cassette, subió el volumen y resonó la voz temblorosa del Gitano. Estaba solo, su mujer se había ido a cuidar los nietos a Monte Grande.
Hurgó en la caja, sacó una foto, se dio cuenta de que el color sepia se iba borrando. La había sacado un fotógrafo ambulante en la esquina de la farmacia de Mastay, donde se juntaba con los amigos. Apenas se notaba el floreado de su camisa desprendida. Tenía puestos unos pantalones anchos abajo y el corte de pelo estilo Sandro: largo y con patillas. Lo había visto debutar en los Sábados Circulares de Mancera y luego cuando vino con Los de Fuego al San Martín, también se sintió frustrado por su presentación fallida en el Estudiantes.
Le vinieron a la memoria los asaltos y cumpleaños de quince con saco y corbata, las madrugadas de radio con Modart en la Noche, los programas de Nucha Amengual, el Negro Guerrero Marthineitz y Betty Elizalde, el combinado comprado en Muebles Borens, los bailes de carnaval, la matiné de los domingos en el Club San Martín, donde se arregló con la Petisa, su mujer; volvió a oír la voz de Emilio Brignani, el presidente que anunciaba los últimos tres temas de la noche , los lentos, Penumbra, el tema con el que le declaró su amor.
Dio vuelta la llave en el tambor, pisó tres veces el acelerador, repitió cinco veces la operación en vano, la batería se agotó. Eran las veinte treinta del cuatro de enero de dos mil diez. Algo había dejado de funcionar.
Pablo Garavaglia
Rancho Los Uncalitos
Cada dos por tres solía hacer lo mismo: se la ponía al Fitito, le daba marcha para que no se pegara el motor. Lo había comprado en épocas buenas, cuando laburó en la Mercedes, pero ya hacía unos años que se le había roto la caja y no había plata para arreglarlo.
Abrió el portillo de la casa, entró con la bicicleta y sobre el caño la bolsa con la batería.
Trajo una caja de zapatos donde guardaba las llaves del auto, cassettes y fotos. Buscó uno de Sandro que rebobinó con la punta de la lapicera, ajustó con la mano los bornes y se sentó en la butaca. Abrió las ventanillas, puso en contacto, introdujo el cassette, subió el volumen y resonó la voz temblorosa del Gitano. Estaba solo, su mujer se había ido a cuidar los nietos a Monte Grande.
Hurgó en la caja, sacó una foto, se dio cuenta de que el color sepia se iba borrando. La había sacado un fotógrafo ambulante en la esquina de la farmacia de Mastay, donde se juntaba con los amigos. Apenas se notaba el floreado de su camisa desprendida. Tenía puestos unos pantalones anchos abajo y el corte de pelo estilo Sandro: largo y con patillas. Lo había visto debutar en los Sábados Circulares de Mancera y luego cuando vino con Los de Fuego al San Martín, también se sintió frustrado por su presentación fallida en el Estudiantes.
Le vinieron a la memoria los asaltos y cumpleaños de quince con saco y corbata, las madrugadas de radio con Modart en la Noche, los programas de Nucha Amengual, el Negro Guerrero Marthineitz y Betty Elizalde, el combinado comprado en Muebles Borens, los bailes de carnaval, la matiné de los domingos en el Club San Martín, donde se arregló con la Petisa, su mujer; volvió a oír la voz de Emilio Brignani, el presidente que anunciaba los últimos tres temas de la noche , los lentos, Penumbra, el tema con el que le declaró su amor.
Dio vuelta la llave en el tambor, pisó tres veces el acelerador, repitió cinco veces la operación en vano, la batería se agotó. Eran las veinte treinta del cuatro de enero de dos mil diez. Algo había dejado de funcionar.
Pablo Garavaglia
Rancho Los Uncalitos
© El Ciudadano Cañuelense
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