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Rubén Fangio y su hermano, tras los paso de su padre en Europa

 Realizaron una visita a museos y fábricas de España, Inglaterra e Italia, vinculadas al quíntuple campeón del mundo.
Rubén Fangio y su hermano,  tras los paso de su padre en Europa

04.10.2017, 14:48:02 | Sociales

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Asomado por la ventanilla de un Lotus antiguo y saludando a los ingleses al grito de ‘Fangio’, así se vio el cañuelense Rubén Fangio este mes cuando participó con su hermano, el marplatense Oscar ‘Cacho’ Fangio, en un circuito de autos de época. La escena transcurre apenas unos meses después de que la Justicia los reconociera como hijos biológicos de Juan Manuel Fangio al cabo de una década de batallar en los tribunales. Sus parecidos físicos –especialmente el de Rubén– con el campeón de Balcarce llamaron la atención a los europeos que no dudaron en vivarlos, pedir autógrafos y sacarse fotos con estos hombres de 75 y 79 años que también aprovecharon el viaje para fortalecer el vínculo de hermanos que recién ahora están construyendo.

Como es sabido, Rubén pasó gran parte de su vida creyendo que era Vázquez, y cuando ya de adulto empezó a plantearse dudas sobre sus orígenes, inició un juicio de filiación. El cotejo de ADN ordenado por la justicia corroboró que es hijo de Juan Manuel Fangio, quien en su Balcarce natal había sido padrino de bautismo.

Desde hace unos meses Rubén ya tiene el DNI y pasaporte con la identidad actualizada. De esta manera pudo viajar con su hermano ‘Cacho’ a España, Italia y Gran Bretaña, visitando ferias de vehículos clásicos, circuitos y museos donde su padre dejó una impronta como corredor. Los hermanos fueron acompañados por sus esposas, Ercilia y Norma.

Para recorrer los tres países contaron con el apoyo del presidente de la Asociación Ovetense del Motor Clásico, Fernando de la Hoz. “Un español apasionado de los autos y de sus historias. Fue quien nos buscó y brindó todos sus contactos para que estemos los cuatro juntos. De ese modo pudimos trasladarnos, recorrer y ser agasajados en todo tipo de lugares”, afirmó Rubén en su casa del barrio Sarmiento durante el encuentro con El Ciudadano.






El periplo de los Fangio se extendió por tres semanas y empezó con la Feria Internacional del Vehículo en Oviedo, que se desarrolló en el Palacio de los Deportes y que tuvo de invitados de honor a los argentinos Fangio, que empezaron a firmar láminas durante el lanzamiento de un libro sobre automovilismo.

En el caso de Rubén fue su primera visita al Viejo Continente. En cuanto a Cacho, excorredor de F3, regresó después de cinco décadas y de haber acompañado a su padre. El cañuelense supo que en Asturias su padre tuvo una estrecha relación de Jaime Tartiere Herrero, un nieto de un conde, que llegó a tratarlo en su casa de Balcarce.  

Los hermanos también fueron recibidos en el museo y circuito Fernando Alonso.

Posteriormente los hermanos se desplazaron por el circuito inglés de Goodwood, donde les exhibieron una Maserati 250F, con el que el padre superó a las Ferrari y se aseguró su quinto título del mundo. Tuvieron también un lugar de privilegio durante la premiación del festival que recrea el ambiente de las carreras del siglo pasado. “Había más gente que en una cancha de River circulando y viendo una feria internacional de autos. Nos dejaron en un salón VIP, entre excorredores y empresarios vinculados a los autos”, destacó Rubén.

Como un rayo, lo inesperado llegó después de entregar una copa: “Nos empezaron a saludar, no a los corredores, a nosotros, firmando autógrafos, sacando fotos, una mujer al lado mío se puso a llorar por los recuerdos con Juan Manuel”.

Entre las ciudades y pueblos conocieron a un coleccionista que tiene un total de 28 Porsche, una marquesa viuda y solitaria en un palacio con vista al Adriático y  empresarios del transporte. Se cruzaron con varios argentinos, uno de ellos un egresado del Don Bosco en un café de Oviedo.

La entrevista con Rubén a pocos días de su regreso transcurre con la mesa del comedor repleta de tarjetas personales, de algunas fotos, una lámina de unos dos metros con el árbol genealógico de los Fangio y Lorito que arranca en 1790, además de una copia del acta de nacimiento del ‘Chueco’ Fangio. Y se destaca una foto panorámica del pueblo Castiglioni Messer Marino, una región montañosa del centro de Italia, donde surgieron los genes del que revolucionaría el automovilismo. “Ahí se respira lo que fue Fangio, donde vivió el padre del Chueco. Nos recibió el alcalde con un acto, con los concejales y un grupo de soldados de época. Vimos en distintos lugares fotos de nuestro padre, ya sea en bares como en el hotel”.  


 

Ercilia,  compañera de Rubén desde hace más de cincuenta años, afirmó que “se trató de un viaje fuera de lo tradicional, fue un viaje temático, donde todo pasaba por los autos, museos automovilísticos y circuitos, con lugares donde estuvo Fangio”.

En el museo de Alfa Romeo, la directora hizo que viajaran en un auto de la marca, aunque sin poder conducirlo. Fueron con un chofer. También recorrieron el Museo de las Mil Millas y mantuvieron un encuentro con el mítico constructor argentino de autos Horacio Pagani. En la localidad italiana de Pescara, un periodista ya anciano, les dijo que su padre había levantado a 350 kilómetros por hora un coche.
Rubén, quien ha heredado casi todos los rasgos  físicos de su padre, fue reconocido por unos platenses mientras estaban de visita en el Museo Ferrari. Los ojos celestes, la forma de la cabeza calva, su forma de mirar e inclinarse e inclusive la voz son un calco del mítico corredor.

Fueron días intensivos. Recorrían unos 400 kilómetros todos los días. Iban y venían en una camioneta con chofer. Durante las visitas programadas dieron con el corredor Armando Cifuentes, quien compitió con Fangio en Cuba en el año 1958.

“Nos encontramos con una imagen –destaca Rubén- muy presente de Fangio que acá en la Argentina no es tal”.

Un busto de Fangio preside la sala de estar de la casa de Rubén y Ercilia. Ya dejó de estar pendiente del ADN y el juicio de filiación. Ahora lleva el apellido de la sangre. Ya sabe algo más de su padre, de los lugares en los que estuvo, vestido con zapatos y guantes de cuero, antiparras y casco de madera con interior de corcho, haciendo nacer el mito.
 

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