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El carnicero Alfredo Iglesias fue absuelto

El jurado popular que intervino en el juicio oral por el crimen de Walter Ferrari, ocurrido en 2014, lo consideró "no culpable".
Iglesias y su abogado Semorile.

BulletIglesias y su abogado Semorile.

07.08.2017, 11:47:37 | Policiales

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Llegó el día. Con la participación de un jurado popular el martes 1 comenzó el juicio contra el ex carnicero José Alberto Iglesias, quien llegó a Tribunales Penales de La Plata acusado de asesinar de un tiro en la cabeza a Walter David Ferrari, en una pieza que alquilaba en la calle Catamarca del barrio San Ignacio, durante la noche del 18 de mayo de 2014.
 
El proceso de selección de los 12 jurados titulares (seis mujeres y seis hombres) y seis suplentes comenzó después de las 10 tras un sorteo informático.  Una hora y media antes, ya habían llegado los potenciales jurados y testigos.  El acusado arribó ya finalizada la selección y por sus propios medios.
 
El jurado -elegido entre 46 vecinos del Departamento Judicial La Plata- debió determinar si Iglesias manipuló un arma de fuego y, en consecuencia, podía ser sentenciado. Según su defensa, el ex comerciante no tuvo nada que ver con el crimen del hombre del San Ignacio.
 
Desde que se implementó el nuevo sistema de jurados populares en el Departamento Judicial de La Plata, el de Iglesias fue el cuarto caso con esta modalidad y el primero correspondiente a un hecho ocurrido en Cañuelas.
 
El debate estuvo a cargo del juez Tomas Bernard, del Tribunal Oral Criminal 2 de La Plata. Las partes (fiscalía y defensa) tuvieron derecho de objetar a ocho postulantes.
 
Si bien fueron seleccionados 48 para el sorteo, el proceso de selección se inició con 34 que se hicieron presentes en el edificio de 8 entre 56 y 57.
 
Una de las mujeres candidatas a ser jurada contó que como vigiladora de una empresa recaudadora de caudales y sufrir un accidente laboral con el camión, no podía permanecer mucho tiempo sentada ni parada. Otra mujer dijo que como su pareja fue víctima de un homicidio y que lo arrojaron al vacío de un edificio, no podía participar en un debate de una muerte violenta. Y un hombre  que es  miembro del Servicio Penitenciario Bonaerense también se excusó del cargo a jurado.
 
LOS CARGOS
 
Con un arma corta, cuyo calibre no se pudo establecer, pero que resulta ser de uso civil condicional y que portaba sin contar con la debida autorización legal, el acusado Iglesias habría procedido a efectuar un disparo a Ferrari en la cabeza, cuya herida causó la muerte a los pocos minutos. 
 
Al día siguiente del hecho, en la calle Paso 134, en una casa que habitaba Iglesias, se hizo un allanamiento y se encontraron dos pistolas del calibre 9 milímetros, una escopeta calibre 12, además de municiones, todo el material sin registro para su tenencia.
 
“esta fiscalía va a probar que el 18 de mayo del 2014, alrededor de las 23, el señor aquí acusado, ingresó a la vivienda de la víctima Walter Ferrari y le efectuó un disparo en la cabeza, lo que provocó su muerte.

Horas previas, habían mantenido una fuerte discusión, aparentemente por la venta de drogas. ‘Alguien se quedó con un vuelto’, como decimos nosotros y eso provocó el enojo.  Ahora vamos a ir por las pruebas y los testigos. Luego vamos por los motivos por los que Iglesias dio muerte a Ferrari con un arma que nunca se pudo secuestrar. Lo único que nos puede orientar es un proyectil que se extrajo de la cabeza de Ferrari y que fue analizada por un perito y que estableció la posibilidad de algunos distintos calibres de armas. A Iglesias se les secuestraron bastantes armas en su casa, también credenciales, algunas vencidas, entre las que se encuentra la de un revolver  Taurus, calibre 3.57, considerado de arma de uso civil condicional, que para la ley es de guerra. Este revolver no fue hallado, pero si su credencial”, dijo la fiscal Laura Lazarte en el alegato inicial.
 
Gustavo Alberto Semorile, abogado defensor de Iglesias, explicó que “las hipótesis por la muerte de la víctima son muchísimas. Lamentablemente no se ha podido establecer si hubo discusión, como estableció la fiscal, qué tipo de discusión. Y frente a la edad de mi asistido, con una profesión de carnicero, que carece de antecedentes, es extemporáneo, aventurado calificarlo en el delito de venta de estupefacientes, no se ha acreditado, como tampoco se pudo acreditar que nuestro defendido estuvo en el lugar del suceso que nos trae a este debate”.
 
TESTIGOS
 
Carla Natalia Gallardo fue pareja de Ferrari durante ocho años hasta que fue asesinado.  Vivían en casas separadas pero en el mismo barrio del San Ignacio.  Horas antes del crimen vio a Iglesias pasar con un auto Corsa de color gris, con Walter y dos hombres. Fueron a una despensa del barrio a comprar cerveza. Ferrari le llegó a decir a Gallardo que “vengo a las 8 cuando cobre”. Esto fue en respuesta a que su mujer le pedía plata para comprar leche a las criaturas que tenían.  “No sé qué iba a cobrar. Sería un changa”, respondió ante una pregunta de la fiscal del juicio. Luego la joven recordó que su pareja expresó sollozando: “¿Lo que es el mundo no, má?”,  y ella le pidió que no lo hiciera delante de los niños.  Luego los hombres se fueron todos juntos en el mismo auto de Iglesias. A la noche fue hasta la casa que vivía Walter y lo vio durmiendo. Se retiró apagando las luces y dejando la puerta entreabierta. Se fue en bicicleta por la calle Salta. Cuando estaba acostada sintió que la llamaban. Eran antes de las 23. Se asomó y encontró que una vecina le avisó que habían sentido un disparo y que fuera a ver a lo de su pareja.  “Lo encontré raro, con un ruido y estaba todo tapado. Yo lo había visto en el medio de la cama, destapado y echo una bolita. Tenía un sangrando. Salí corriendo, buscando ayuda de una vecina, y a mis padres.  En eso encontré a mi hermano y le dije cómo encontré a Walter. Era una flor su cabeza.  Y el ruido que escuchaba era su ronquido de agonía”.

Débora Angó, sostuvo que vio a Ferrari e Iglesias bajar de un auto y meterse a un kiosco. A los minutos lo vuelve a ver juntos, además de dos hombres más adentro de un auto. “Y cuando vuelvo a mi casa sintió una discusión fuerte y veo que Iglesias tenía un arma. Lo vi pasar al costado del auto. Había mucha gente ese día en el barrio. Era como un arma que usa la policía. Cuando vi el arma yo seguí para mi casa. A la noche escuchamos un grito. Estaba acostada con mi marido, pero no le dimos importancia. A los minutos una tía de mi marido nos dice que había matado a Ferrari. Nos levantamos y fuimos para la casa de Carla Gallardo”.  

La testigo ante consultas de la fiscal, agregó que “supe después por mi marido, que ya Iglesias lo había amenazado a Ferrari. Había dicho al dueño de donde alquilaba Ferrari que no lo mataba porque estaba en su casa. Esto fue un año antes del crimen”.  Y luego dijo por pregunta de la defensa: “Hubo muchos comentarios después de lo que pasó. Lo acusaban a Ferrari de haber querido abusar de una hija”.

Otro que afirmó haber visto a Iglesias por donde mataron a Ferrari fue el comerciante Carlos Rubén Ponce, conocido como ‘Cachilo’.  Afirmó que el día del crimen el imputado y la víctima estuvieron en su despensa haciendo compras.  Luego de algunos pocos minutos el hombre empezó a entrar en una serie de omisiones que fueron advertidas por la fiscal. Entonces el juez le exigió que se ajustara a la verdad de lo que había declarado durante la investigación judicial. Resulta que durante el juicio el comerciante omitió sus dichos en la comisaría, donde afirmó que “Iglesias en la semana es un caballero y los fines de semana, cambia totalmente, perdiéndose. No sé si por el alcohol o qué. Y en todo quilombo siempre está nombrado. Hasta se tiroteó en la casa de los misioneros en el barrio 1 de Mayo, cuando hasta un rato había estado tomando mates juntos”.

El perito balístico Sandro Margariche detalló que de las armas secuestradas en lo de Iglesias ninguna había expulsado la bala que se le extrajo a Ferrari. Y luego afirmó que lo que terminó con la vida del vecino cañuelense fue un calibre 9, 3.57 o 38.
 
Carlos Daniel Reynoso era amigo de la víctima y del imputado. “Muy conocido de Iglesias y amigo de Ferrari”, aclaró ante el jurado y el magistrado. El joven vecino del San Ignacio fue advertido durante la audiencia oral y pública escuchando a los testigos en un pasillo antes de brindar su testimonio. El hecho no pasó a ser más que un comentario que llegó al juez Bernard y que se difundió durante el juicio.

Dijo que el día que mataron a su amigo estuvo compartiendo un asado, jugaron al fútbol, bebieron cerveza. Además se trasladaron al barrio Libertad a verse con una mujer con la que habían estado unas horas antes.  Mientras que por la tarde encargaron empanadas en Los Aromos con Iglesias, dos mujeres y un muchacho de nombre Federico. Y luego de despedirse de todos, Carlos se fue a acostar hasta que de repente se le apareció Iglesias para decirle que había matado a su amigo Ferrari.

Durante ese día de comilonas, cervezas y encuentros, Reynoso recordó, a repreguntas de la fiscal, que Iglesias andaba armado.  A las horas su casa fu e allanada y la Policía le confirmó que Ferrari había sido muerto.  Los uniformados andaban buscando un arma. Al cabo de unas dos semanas y de no permanecer en su vivienda, sino en lo de una chica con la que salía, decidió ir a declarar ante la Comisaría. Reveló que el dejar su casa lo había hecho por temor y por rumores que circulaban en torno a la muerte de su amigo.

En otro tramo de sus dichos, que debieron ser avivados por la defensa y la fiscalía, ya que entraba en algunas omisiones de su declaración anterior, apuntó que Iglesias y Ferrari habían discutido el día del crimen, pero no alcanzó a saber el contenido de las diferencias.  Lo más revelador y que le tuvieron que recordar durante la audiencia, fue cuando vio a Iglesias  en su pieza, nervioso, y le confesó: “Me mandé una cagada Carlitos, ya lo maté”.  Otro momento significativo de su declaración, que también le tuvieron que refrescar la memoria: “Ellos no tenían ningún problema, pero el viejo Iglesias , cada vez que el Rafa se bajaba a comprar, decía que lo iba a cagar a palos, porque el Rafa (por Walter Ferrari) en pedos era re cargoso y al  viejo eso no le gustaba”.  Y por otro lado había manifestado que Iglesias tenía un revólver 3.57, negro brillante, de mango de madera claro, con balas grises, vainas plateadas , con punta plana.

Héctor Federico ‘Papurro’ Góngora fue otro de los muchachos que estuvo con Iglesias y Ferrari reunidos en el San Ignacio el día del hecho. Entre chamamés, cervezas y asado pasaron buena parte del día de forma distendida. Hasta que a la noche y cuando Iglesias se había retirado volvió de forma imprevista al barrio.

Tras superar algunas contradicciones en el juicio, por lo que tuvieron que releer su declaración testimonial, había escuchado a hablar a Iglesias en el interior de su casa, se dirigió a donde estaba  Reynoso y decirle  “ya Lo maté”. Inclusive le hicieron recordar que vio que Carlos Reynoso le devolvió el arma a Iglesias antes de marcharse del San Ignacio y especificó que era un revólver 3.57.
 
VEREDICTO UNÁNIME

El jueves se definió el veredicto. Por unanimidad, los doce miembros del jurado declararon “no culpable” al hombre de 68 años, que había llegado a juicio acusado de homicidio calificado por el empleo de arma de fuego. 
 
Tras dos días de debate, el jurado deliberó poco más de dos horas y uno de los integrantes, que fue elegido por sus compañeros como el presidente del grupo, leyó el veredicto. 
 
De esta manera Iglesias fue absuelto del delito de “homicidio calificado”, mientras que resultó culpable del delito de tenencia ilegal de arma de guerra. 
 
Durante los alegatos del día anterior, la fiscal Laura Lazarte había planteado que “quedó probado que Iglesias ingresó a la pieza de Ferrari y le pegó un tiro en la cabeza que le ocasionó la muerte”. Por su parte, su abogado, Gustavo Semorile, sostuvo que “no está probado que fue el vehículo de mi defendido el que se acercó al domicilio de Ferrari. No hay otra posibilidad que la declaración de inocencia”.
 
La fiscal Lazarte le dijo a este medio que “esta fiscalía tenía 2/3 tercios del jurado a favor, pero la Ley indica así, se pide 10 de 12 y yo tenía 8. Estoy conforme con el trabajo que se hizo, pero esta es la ley de jurados. Se trabaja con las leyes que se dictan”. 
 
Por otro lado aclaró que el fallo es inapelable, no se pueden presentar recursos. Además comentó que “la defensa de Iglesias a dos testigos que declararon en su contra, dijo que habían estado escondidos durante dos semanas y usó el término prófugos. De 12 jurados, a 4 les sembró eso y llegaron a ese resultado”. 
 

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