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Cañuelas, 17 de diciembre de 2017    N° de Edición On Line: 2403

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El veterano de guerra Luis Mario vuelve a Malvinas 35 años después del conflicto

El ex combatiente, vecino del barrio 1 de Mayo, relata cuando tenía 20 años y debió asistir a los helicópteros que abastecían a las aeronaves y a los soldados con armamento. El 11 de marzo regresa al archipiélago y se convierte en el primer veterano de Cañuelas en volver después de la guerra de 1982. Lleva una imagen de Nuestra Señora del Carmen.
Luis Mario llevará una imagen de la Virgen del Carmen que le entregó la Intendente.

BulletLuis Mario llevará una imagen de la Virgen del Carmen que le entregó la Intendente.

04.03.2017, 13:53:49 | Sociales

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Los campos de Cañuelas estaban muy lejos de Malvinas. Al llegar a las islas dejó las tareas rurales para ser soldado voluntario y abastecer y mantener aeronaves luego de salir del Batallón de Aviación de Combate 601 de Campo de Mayo. A Luis Mario lo llevó sabiendo el destino. En esa desolada geografía y con 20 años su misión con un grupo de 13 efectivos fue proveer armas y municiones. En esos días de mayo de 1982 vivió el primer bombardeo inglés.
 
Nunca había visto cadáveres ni heridos. A su grupo lo mandaron a levantarlos y llevarlos al hospital de campaña.
 
Un día terminó prisionero de guerra y el 20 de junio llegó al continente. Días más tarde volvió a Cañuelas.
A su regreso de la guerra lo pasó con problemas, desde laborales hasta de salud. Luego se metió con todo con el tema de los veteranos de guerra. Iba a fundar con otros ex soldados la Agrupación Cañuelas de Veteranos de Guerra de Malvinas.
A poco de cumplirse 35 años de aquel el 2 de abril cuando se produce la confrontación bélica con el Reino Unido para recuperar las islas, Luis se prepara para recordar aquella experiencia regresando a Malvinas.
 
–¿Cómo surgió la idea de viajar a Malvinas?
–Un día estaba con mi amigo y hermano del alma Rubén Oscar Iglesias, invitado a comer  a mi casa, y me dijo que se iba a Malvinas. Entonces le dije cómo, que cómo no me había dicho, cuando siempre le dije de volver. Entonces ahí empezó la cosa. Con él hicimos la colimba y somos hermanos de Malvinas, de la vida. Si no era con él, en algún momento iba a salir para allá.
Durante la entrevista con el cañuelense estaba presente Iglesias.
 
–¿Podría hablar de su experiencia en Malvinas?
–Los primeros  diez, quince años fueron difíciles y no hablaba, después entendí que había que hablar.
En el libro editado por El Ciudadano ‘Contribución de Cañuelas a la Gesta de Malvinas’, dijo: “Luego sufrimos por ser rechazados, ya que se nos culpaba de haber perdido la guerra. No así en mi entorno social y familiar, que me demostró la alegría de tenerme nuevamente en casa”.  Tuvo problemas para dormir, temor al paso de los aviones, de permanecer encerrado en su casa de campo hasta dificultades para conseguir empleo.
 
–¿Sintió vergüenza de participar en esa guerra?
–No, tuve mucho orgullo. Y ahora de grande se siente más ese orgullo.
 
–¿Durante el conflicto tuvo la sensación de que no iba a regresar?
–Hubo cosas feas, pero queríamos entrar en combate.
 
–¿Cuál fue el momento más crítico?
–Un ataque en Monte Kent. Entre los cerros dos aviones ingleses se aparecieron y buscaban destruir los helicópteros que teníamos. Dañaron a dos unidades. Y en esa oportunidad fue la única vez que disparamos a los ingleses. Le tirábamos con los fusiles, una ametralladora y pistolas. Pasó sobrevolando el pico del cerro, donde estábamos nosotros. No nos mató porque no quiso. Seguramente su objetivo era destruir los helicópteros. Pasaron una vez reconociendo el lugar y a la segunda vuelta nos avisan de alerta roja y había que atacarlos. En una pasada que hizo usé tres cargadores del fusil.

–¿Sabía cuando salió de Campo de Mayo a dónde lo llevaban?
–Hacía dos semanas que algo se presentía. Y estábamos autoacuartelados. El 2 de abril nos hacen formar como siempre al toque de diana y el jefe del regimiento anunció que se había tomado Malvinas y que había que defenderla. Se dirigió a la Sección de Apoyo de Vuelo y preguntó quién quería salir para allá en un grupo.

Dieron un paso adelante Mario y su compañero Iglesias. Durante el servicio militar tuvieron a cargo el mantenimiento de las pistas, la carga de combustible, maniobras, tácticas de combate, armado de elementos bélicos,  transporte de comida y personal, lo que venían haciendo en Corrientes, La Pampa, además de Campo de Mayo.  
 
–¿Estuvieron bien alimentados?
–Hasta el 1 de mayo teníamos provisiones. Después se empezó a racionar y luego no había nada porque no llegaban las raciones. Entonces con los puestos de avanzada y reabastecimiento se buscaba algo; y si no comíamos ovejas. Sacrificamos animales y los fritábamos (sic) en latas de dulce de batata o en los cascos en las carpas. Se usaban dos calentadores y una pastilla de alcohol para el fuego.  En Monte Kent se olvidaron de nosotros durante diez días sin nada. Hasta nos bañabamos en el agua escarchada.
 
–¿Hizo alguna preparación especial para esta vuelta?
–No, es una curiosidad que tengo, tal vez no recuerde todo, pero es cerrar una herida que tengo y más yendo con mi compañero y hermano. Estoy ansioso y no sé qué sensaciones tendré allá, pero todos vamos a estar pendiente del otro.
 
–¿Qué van hacer en las islas?
–Recorrer los lugares que estuvimos, la mayoría en montes, donde se armaron los puestos de avanzada y reabastecimiento. También a despertar cosas que se me borraron de la mente.
 
–¿Se lleva una imagen de la Patrona de Cañuelas que le entregó la intendenta Marisa Fassi?
–Si. La vamos a dejar en el cementerio de Darwin o en la iglesia católica. Quiero dejarla en representación de nuestro pueblo de Cañuelas.

–¿Qué comentan en su entorno familiar?
–Mi mujer sobre todo es la que dice cosas, ya que entiende que cierro un capítulo de mi vida. Y mis hijos, mis hermanos me dicen que está bien, que vaya. Mi padre (de 84 años) no comenta nada porque nunca hablamos de Malvinas, no sé por qué. Mi madre, ya fallecida, si me preguntaba del tema.
 
–¿Cuál es el modo de resolver el conflicto por la soberanía de Malvinas?
–Eso te podría responder a la vuelta.
 
Luis tiene 55 años, casado con Marcela Galván, con quien tiene a Malvina, de tres años, y con una pareja anterior tuvo a Silvia, Lucía y Jorge. 

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