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Secretos y misterios detrás del mítico Castillo

Antes de convertirse en tenedor libre, fue una fábrica de lácteos, huevo en polvo y películas fotográficas. El vicepresidente de Perón habría sido uno de sus propietarios. El empresario que en los años ´80 quiso transformarlo en un museo de automóviles terminó preso en Córdoba.
La planta industrial construida a principios del siglo XX.

BulletLa planta industrial construida a principios del siglo XX.

11.02.2015, 14:33:40 | Sociales

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Pocos sitios de Cañuelas presentan una historia tan rica –y a la vez tan desconocida– como “El Castillo” o “La Finaco”, ese monumental edificio de siete niveles erigido hace un siglo en el cruce de las rutas 3 y 205. Para muchos viajeros de paso es un faro que identifica a Cañuelas, mucho más que el dulce de leche o La Martona.

Casi como una metáfora de la Argentina misma, su historia se inició en los albores del siglo pasado como fábrica de productos alimenticios; y finalizó en los 90 como bailanta y tenedor libre. En el medio se sucedieron quiebras, ventas y cambios societarios plagados de intrigas.

La empresa Finaco S. A. Comercial e Industrial, dedicada a la fabricación de productos comestibles, fue fundada en 1932 por el francés Gustavo Eugenio Artaux, un especialista en deshidratación de alimentos nacido en Chassey Les Montbozon (Francia) el 30 de diciembre 1886. Este pionero de la industria nacional fue además director del Banco Francés del Río de la Plata desde 1929 y presidente de la Cámara de Comercio Francesa, entre otros cargos.

Con ramificaciones en la cuenca láctea de Trenque Lauquen, Finaco producía leche en polvo, dulce de leche y cacao, entre otros productos. Así lo atestigua Fabián Aranzana, nieto de Vicente, un inmigrante andaluz que en los años 40 se convirtió en distribuidor porteño.

“Mi abuelo empezó de abajo, haciendo reparto de productos una bicicleta por los barrios de Buenos Aires. En una oportunidad, como vieron que era sumamente responsable, los directivos de Finaco le ofrecieron hacer la distribución mayorista. Así es como mi abuelo armó su pequeña empresa. El dulce de leche que venía de Cañuelas era de marcha Cheroga, que significa ´mi hogar´ en Guaraní”, relata Fabián.

La relación avanzó sobre rieles hasta el inicio de la segunda Guerra Mundial (1939-1945). Por su origen francés la empresa se vio obligada a suministrar alimentos para los aliados. Fue así como inició la elaboración de huevo deshidratado mientras que el 100 % de la leche fluida se destinaba a la elaboración de leche en polvo para las fuerzas de Francia y Gran Bretaña.

“De un día para el otro mi abuelo se quedó sin trabajo, porque yo no había más dulce de leche para distribuir. Como lo apreciaban mucho los dueños le dieron una mano para armar su propia empresita. Le dijeron: ´Mire, Aranzana, búsquese un terreno y arme su fábrica, que nosotros le damos las pailas, el dulcero y lo que necesite. Después nos paga como pueda´. Y fue así que compró un lote entre Carlos Keen y Villa Ruiz, donde armó su pequeña planta en 1943. Y con el tiempo les fue devolviendo todo con trabajo. Era una época donde la palabra valía más que un documento”.

En su nuevo emprendimiento don Vicente desarrolló el primer dulce de leche heladero (más oscuro que el tradicional) y además creó la primera cadena de distribución de insumos para heladerías.

ENTRE EL PERONISMO Y ALEMANIA

En 1947 el presidente Juan Domingo Perón creó la Dirección Nacional de Industrias del Estado (DINIE) conformada, en sus inicios, por unas 40 empresas, en su mayoría alemanas, intervenidas al final de la Segunda Guerra Mundial. Se cree que entre esas compañías se encontraba la Finaco de Cañuelas y que el propio vicepresidente se apropió de ella.

En 1961 la planta aparece a nombre de IMFASA (Industria de Materiales Fotográficos Argentinos Sociedad Anónima Comercial e Industrial y Mandataria), propiedad de Guillermo Woters, un empresario alemán de importantes vínculos con el peronismo.

Ese dato se confirma en el boletín oficial del 5 de diciembre de 1961 en el que se publica la privatización de “Industria Argentina de Electromedicina” (INAG) dedicada al ensamble de instrumental médico. Woters también compró esa empresa estatal y en el decreto de privatización firmado por el presidente Arturo Frondizi y el ministro del Interior Alfredo Vítolo se menciona una hipoteca a favor del Estado sobre los bienes de IMFASA en Cañuelas.

A fines de la década del 40, en el actual Castillo, IMFASA comenzó a fraccionar películas fotográficas de 35 mm y 6x6 que se vendían bajo la marca Wena. El material llegaba a la Argentina en bobinas desde la fábrica Adox Fotowerke, situada en Neu Isenburg, a unos 10 kilómetros de Frankfurt.

Woters, que era instructor de equitación, tenía entre sus alumnas a la fotógrafa Annemarie Heinrich, quien a partir de finales de los años ´30 alcanzó gran reconocimiento por sus retratos de las celebridades del cine y el teatro de Buenos Aires.

La idea de Woters era ampliar la producción y comenzar a fabricar sus propio material fotográfico en Cañuelas. Gracias a su cercanía con Annemarie logró que su hijo, Ricardo Sanguinetti, estudiante de química, viajara a Frankfurt para interiorizarse en el proceso industrial. Luego de seis meses en Europa volvió a Cañuelas y entrenó a dos personas, pero la prematura muerte del empresario hizo naufragar los planes de expansión.

Estos detalles del proyecto fueron contados a El Ciudadano por el propio Sanguinetti en su estudio fotográfico de la Av. Callao. Recordó que por esos años, frente a la planta de rutas 3 y 205, Woters había montado una fábrica de mosaicos para revestir todos los laboratorios y depósitos, que requerían total asepsia.

WOTERS, EL TESTAFERRO

Tras la caída del peronismo con el golpe de 1955 se disolvió el Congreso, se intervino la Justicia y se creó una Comisión Nacional de Investigaciones que actuó hasta 1956 destinada a evaluar el desempeño de los funcionarios peronistas.

Uno de los “enjuiciados” fue Alberto Teisaire, quien fue estrecho colaborador de Perón y vicepresidente en 1954 tras la muerte de Hortensio Quijano (en la única elección nacional para ese cargo convocada en la historia argentina).

Con su inocultable tono antiperonista la Comisión concluyó que Teisaire “Usufructuó, en beneficio propio, las altas posiciones que le permitió alcanzar su obsecuencia y buscó afanosamente la acumulación de riquezas, sin reparar en medios. En ese afán, complicó a su esposa, a su padre político, a sus amigos y allegados –si es que un hombre de este perfil pudo tenerlos-. No vaciló en caer en delitos de todo orden y en buscar la ocultación de sus bienes mal habidos a base de utilizar como testaferros a cuantos lo rodeaban”.

Entre los cargos que se le adjudicaron a Teisaire figuraban haber favorecido a Guillermo Woters con sucesivos permisos de importación entre los años 1948 y 1955 para su firma IMFASA.

Además, se añade una denuncia de la Cámara de Fabricantes Sensibles Fotográficos contra Woters e IMFASA “que con el apoyo de Alberto Teisaire y los gobernantes depuestos de la provincia de Buenos Aires, habían importado numerosas mercaderías, situación que se ratifica por los permisos de cambio obtenidos en el Banco de la provincia de Buenos Aires otorgados a Guillermo Woters”.

Todos estos indicios hicieron presumir que el empresario afincado en Cañuelas era en realidad un testaferro del vicepresidente, verdadero dueño de IMFASA, razón por la cual fue interdictado.

TODO POR $ 3,50

La empresa de insumos fotográficos quedó paralizada tras la muerte de Woters, a mediados de los años 60. En 1989 la mole gris pareció recuperar parte de su antiguo esplendor con la llegada a Cañuelas de Néstor Corsi, un extraño personaje que anunció la creación de un museo de automóviles. El proyecto se hallaba a cargo de “Napoleón S. A.”, una sociedad que figuraba a nombre de su esposa, Nilda Aquino, de origen paraguayo.

En esa etapa la parte superior del edificio fue recortado con almenas para darle el perfil característico de un castillo medieval.

En un artículo publicado en El Ciudadano el sábado 20 de mayo de 1989 Corsi adelantó algunos detalles de su faraónica propuesta. “En sus diversos pisos los visitantes podrán manejar los antiguos modelos de automóviles o tomar un trago en la terraza del edificio, con una vista inigualable. Los turistas extranjeros podrán observar a operarios especializados, impecablemente vestidos de blanco y corbata azul, guiados por expertas guías bilingües. Este Museo Viviente contará con una playa de estacionamiento y estará enmarcado por un parque de plantas tropicales que acentuará la belleza del lugar”.

Durante algunos meses se almacenaron en el lugar decenas de autos y motos de colección. Más de un cañuelense pudo apreciar el Rolls Royce de Luis Sandrini y la motocicleta que –según Corsi-–perteneció  a Juan Domingo Perón.

Sus desvaríos nunca llegaron a concretarse y al poco tiempo el empresario, nacido en Lomas de Zamora, se esfumó. Hace algunos meses su nombre tuvo amplia repercusión en la provincia de Córdoba, donde fue detenido por ejercicio ilegal de la medicina y estafas reiteradas. En la localidad de San Marcos Sierra, bajo el seudónimo de “El Profeta Kropp”, construyó una monumental estructura denominada “Pozo de Luz” donde suministraba “vacunas mágicas” para curar el cáncer. La construcción, con diseño de anfiteatro, tiene reminiscencias de su antiguo proyecto de Cañuelas. Y algunos creen que invirtió allí los fondos que inicialmente pensaba volcar en el museo de vehículos.

Aquino, que sigue apareciendo como propietaria del “Castillo”, alquiló el edificio en los ´90 para el funcionamiento de un bailanta y un tenedor libre donde se podía comer por sólo $ 3,50.

Triste y opaco final de un lugar que estuvo predestinado a la grandeza.

Germán Hergenrether

© El Ciudadano Cañuelense

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